..dia de lluvia

Tomas entró en el nuevo apartamento. Era tarde y estaba muy cansado. El día había sido más caótico de lo que él hubiera esperado, dadas las circunstancias. En el país se acababa de decretar el estado de emergencia. Se había despedido de los compañeros. A partir de mañana, tendría que trabajar desde casa por un largo periodo de tiempo. Hasta nuevo aviso. El director no había especificado más. A Tomas le disgustó la noticia. Justo ahora que había cruzado el puente. Arrojó el abrigo en el sofá. Estaba enfadado y el abrigo terminó su viaje en el suelo, cerca de la ventana. No lo recogió. Era marzo y el suelo aún estaba frío. El invierno estaba durando demasiado. Las nubes y el frío no parecían querer marchar a diferentes latitudes. Se acercó a la ventana y miró con cierta resignación las nubes negras que acechaban lluvia por poniente. Después fijó su interés en la calle. Una calle que él a penas conocía. Se acaba de mudar. La calle apenas daba muestras de vida. Era el primer viernes de marzo, e incluso en aquella minúscula vía tendría que haber gente en movimiento, jóvenes fumando bajo la lluvia, discutiendo en las entradas de los bares soportando el frío. Un escalofrió le recorrió la espalda. Observó a un hombre que paseaba a un simpático labrador. Hacía señales hacia su ventana. Tomas se lamentó de haber rechazado el pequeño cachorro de Bulldog azul francés que sus amigos le habían ofrecido en la fiesta de despedida. Un tierno animal, que fue devuelto a la protectora en espera de mejor acogida. A Tomas diciembre le pareció lejano. Ignoró el saludo del vecino y se sirvió una copa de vino. Tomas aún conservaba las botellas de Medoc cabernet sauvignon, destinadas a la fiesta de bienvenida. La calma empezó a hacerse un pequeño hueco en el ánimo de Tomas. Se desvistió y esbozó una tímida sonrisa al ver su reflejo en el espejo. Los boxes negros le hacían parecer más viril.

.Mujer a través de la ventana

Había sucedido todo muy rápido. En noviembre, Tomas y Agnés decidieron que la necesidad de estar juntos se había vuelto imperiosa. Agnés era la novia de Tomas. Ella se encargaba de todo. Le buscó un coqueto apartamento, no muy lejos de donde ella vivía con su marido. Un barrio lujoso, situado en la orilla derecha del rio. Agnés prometió a Tomas que abandonaría al viejo millonario. Un acto reflejo, llevó a Tomas a tocarse el cabello con la mano. Lo sintió sedoso, aunque comenzaba a escasear por la zona frontal. Tomas bebió más vino y abandonó la copa con apenas unas manchas rojas en el fondo. La noche llegó y las ventanas dejaban entrever figuras de hombres y mujeres. No le importó filtrar su desnudez. Tomas amaba su cuerpo y las miradas ocultas le estimularon. La imagen de Agnés vino a su mente. Cerró los ojos para imaginarla mejor y recuperó las noches pasadas abrazados y rodando felices por la alfombra. La sintió próxima. El sonido del teléfono aceleró su excitación.

  • Te estaba esperando – la voz de Tomas sonaba sensual
  • Ha salido del apartamento a pasear a BoBy. Tenemos tiempo antes de que regrese. – BoBy era el buldog francés del marido de Agnés que salía a pasear tres veces en el día.
  • ¿Qué llevas puesto? – preguntó Tomas
  • Nada.. Estoy pensando en ti … te imagino entre mis piernas. Siento tu olor a sándalo. Tus manos subiendo por mis senos, recorriendo mi cuerpo, oprimiendo mis senos. Siento como descienden. Las siento en los muslos ahora. No te detengas…. – Sus respiraciones inundaban el espacio vacío del apartamento. …

Tomas escuchaba en silencio, cerca de la ventana. A través de los cristales veía su deseo volar por entre los edificios que los separaba. La calle seguía vacía. La imaginaba desnuda. Se acarició los genitales. Estaban calientes y se habían endurecido. Ella dirigía la escena. Ella le indicaba que hacer y cómo hacerlo. Él se dejaba llevar al compás de sus agitaciones. Un silencio brusco cegó el espacio entre los dos. El teléfono enmudeció. La irritación de lo inconcluso enfadó a Tomas. En la mesa, la copa de Merloc medio vacía era testigo mudo de su impotencia. El televisor, escupía imágenes. La expansión del virus por el país era inevitable. La cólera del deseo se desató y las últimas gotas de vino rodaron por la alfombra.

. Cerca de la ventana - Vino derramado

Relato breve escrito por Merche Postigo