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“Siniestro total” …Alejandro Nanaclares

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 ¿Oiga, oiga…? ¿Me puede oír? ¡Anda, pero si está usted consciente! Después de tanta vuelta de campana pensaba que… Pero… ¿Se encuentra bien?

  • Uh… ¡Eso creo! Ayúdeme a salir de aquí
  • Un momento, un momento. No se impaciente – dijo abriendo una navaja del tamaño de un machete- ¡Ya está! He cortado el cinturón de seguridad que le estaba estrangulando. Ahora, alárgueme una mano, le ayudaré a salir por la ventana. Como el vehículo ha quedado bocabajo, no se puede abrir la portezuela. Despacio; despacio ¿Se puede levantar ya?
  • Creo que si. La verdad es que estoy bastante mareado –respondí mientras salía a gatas a la hierba escarchada de la cuneta- pero si usted me ayuda, creo que las piernas me sostendrán.
  • No, espere, espere… ¡Increíble, si se mantiene de pie y todo! – y su exclamación produjo una bocanada de vaho delante de mi cara.
  • ¡Que suerte ha tenido! Prácticamente ileso ¡Ah, menos mal que suelo pasar por aquí!

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“El verano ultraísta” …Alejandro Nanclares

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Tierra de Campos (Nuevos Poemas)

La Tierra de Campos: el campo en sazón

es ahora verde, dorado en San Juan,

pardo en San Martín, blanco en San Antón.

Por esas llanuras inmensas están

Castromocho, Ampudia, Torremormojón:

Es una tortilla

la tierra amarilla

al llegar los meses

de siega y de trilla.

Autillo y Autilla

¡barbechos y mieses!

Revilla,  Boadilla,

Frechilla, Meneses…

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El Verano Ultraísta de Paco Vighi (1890/1962)

 

 

“Le carceri d´invenzione” … Alejandro Nanclares

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(Cárceles imaginarias)

.Carceles imaginarias

Cuando vinieron a casa, a buscarme, no mostraron ningún interés por mi esposa. Supongo que tenían claro que si había colaborado en alguna de mis antiguas actividades políticas o me había acompañado a determinados actos, había sido exclusivamente por mí, por permanecer a mi lado, y que tanto su ideario político como el manifiesto de su conciencia social, cabían en una simple tarjeta de visita. Más

“La disciplina del Jaguar” II …Alejandro Nancalres

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No pude dejar de dar vueltas y más vueltas a la casa del porche. Algunos días después decidí que había llegado el momento. Esa tarde, en vez del calzón de deporte me puse americana y corbata. Agarré el portafolios que me había regalado mi ex por los últimos Reyes y, tres cuartos antes de la hora del paseo, me planté frente al enrejado de la enredadera. Al tocar el timbre del interfono, una voz femenina de acento dulce, preguntóLa disciplina del Jaguar Más

“La disciplina del Jaguar” I …AlejandroNanclares

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Me cruzaba con ellos todas las tardes. Los veía pasar a lo lejos, por el dédalo poco iluminado de callejuelas arboladas y jardines de El Viso a la hora que saltan los riegos automáticos. El agua de los aspersores rebaja algunos grados la temperatura media de la ciudad y a ratos, se llega a percibir un soplo de brisa que parece venir de la parte vedada de las cancelas.

La disciplina del Jaguar - Jaguar Más

“Time-out” …Alejandro Nanclares

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Me despertó el vibrato del teléfono móvil, cautamente dejado sobre la mesilla de noche, muy cerca del despertador. Eran casi las tres de la mañana.  No me extrañó; no me sobresalté.

 Alguien dijo que los médicos querían hablar con nosotros. Lo antes posible. Nada más. No dio detalles.  Ante mi silencio, la voz  dudó; mencionó el apellido… – Sí, sí, respondí, el número es correcto, No hay ningún error. Llegaremos enseguida. Más

“Un balón de colores para Almudena” … Alejandro Nanclares

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UN BALÓN DE COLORES (para Almudena)

Mi esposa decidió por la mañana que a la tarde nos acercaríamos hasta la tienda del pakistaní. A comprar fruta suficiente para toda la semana. Es la más alejada de todas. Está como a cuatro o cinco  manzanas de casa. Más allá del supermercado y el kiosco de prensa. Pero  es la que ella prefiere. Por algún motivo, está convencida de que tiene la mejor mercancía de todo el barrio. Claro que, a estas alturas sigue sin poder cargar peso. Desde la operación, no debe. Así, que intento disuadirla. Le digo que hay otras fruterías en la vecindad, casi tan buenas como esa y algo más cercanas. Ahí están por ejemplo las que llevan los chinos, que son más económicas. O las de los árabes, generalmente muy bien surtidas. Pero responde que no, que iremos a la del paquistaní, porque está segura de que es la fruta más fresca con diferencia. Es la mejor, insiste. Entonces yo, como de pasada, añado que aún me cuesta caminar. Que persiste el dolor de rodilla. Que no sé si debería. Pero en vista de su determinación, me resigno y exagero un esfuerzo ostensible para levantarme del sofá sin forzar demasiado la articulación. Un cartílago no se recupera tan fácilmente. Resoplo un poco, por si siguiera mirando, y me dispongo a plegar un par de bolsas ecológicas, de aquellas que ofrecían los establecimientos comerciales cuando la campaña contra las de plástico. Más

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