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“Deserción del muñeco sin cabeza” … Javier Rodriguez

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Relato Breve escrito por Javier Rodriguez

Papá me iba a dar cinco euros por plantar un árbol en el jardín. Me dejó usar la pala grande, pero después de probar durante un rato apenas había quitado el césped. Mamá me observaba desde la cocina y me llamó. Me dio una botella de agua para ablandar la tierra y su pala pequeña de los geranios. Me guiño el ojo. “Es nuestro secreto”.

Ahora sí que iba bien. Cuando el hoyo estaba casi acabado toqué con la pala una cosa que sonó a hueco. Quité la tierra con las manos, para no estropearla. Era una caja de galletas metálica, como el cofre del tesoro que enterré con Pedro el año pasado cuando estuvimos en el pueblo.

muneco sin cabeza 3

Dentro había un muñeco sin cabeza. Estaba vestido de vaquero. Revolviendo entre los trapos sucios que estaban en la caja encontré la cabeza. Era mi Geyperman aventurero, el que me había regalado la abuela para mi cumpleaños. Marta me había dicho que me lo había dejado en el pueblo, junto al castillo de los clicks. Yo estaba seguro de que lo había metido en el coche. “Eres tan descuidado”, me dijo mientras sacaba sus muñecas y las colocaba en el estante de su habitación.

Intenté colocar la cabeza en su sitio. Tenía los labios pintados con rotulador rojo y una cinta celeste alrededor del cuello. Con las manos tenía agarrada una flor seca y bajo la casaca roja tenía puesta una camisa de florecitas. Y a pesar de todo, seguía sonriendo.

Me acordé del día que estuvimos en el río, con Pedro, lo bien que lo pasamos jugando con los Geyperman a los comandos entre las hierbas. En un recodo del río había una charca pequeña, en la que había unas ranas. Era una operación sencilla. Los Geyperman se adelantarían por la retaguardia y nosotros nos arrastraríamos por las hierbas altas. Nos pintamos las caras con barro, para que no nos vieran las ranas y comenzamos el despliegue. Antes de empezar a movernos una de las ranas saltó a la cara de Pedro. Mi Geyperman fue el primero en reaccionar, se lanzó sobre la rana con su cuchillo en la mano y se la arrancó de la cara antes de que nos escupiera el veneno. Pedro estaba aterrorizado, pero le tapé la boca y volvimos a la operación. Cogimos a las ranas desprevenidas. No hicimos prisioneros. Cuando volvimos a casa le pusimos una medalla a mi Geyperman y Pedro le regaló el casco de helicóptero que tanto me gustaba. Nos reímos tantas veces los cuatro recordando la cara de pánico de Pedro cuando le saltó la rana encima…

Seguía sonriendo con esos labios pintados de rojo. Me estaba sacando de quicio. En lugar de la ropa de camuflaje y las botas de campaña llevaba esa ridícula camisa de florecitas. El casco de helicóptero lo había perdido, con lo que me gustaba. Seguro que se reía también cuando tomaba el té con Marta y sus muñecas mientras yo lo buscaba por todas partes. “Ni siquiera intentaste escapar”, pensé mientras le retorcía el brazo. Así que lo volví a meter en la caja metálica y enterré la caja junto al árbol. “Te lo mereces por traidor”.

Cuando terminé de tapar el hoyo, llamé a papá y mamá y les enseñé el árbol. Estaba un poco torcido. Mamá estaba muy orgullosa y me besó en la mejilla. Papá me acarició la cabeza, enderezó el árbol y pisó la tierra con el pie. Muy bien, me dijo, y me dio los cinco euros. Los cinco euros no me hicieron sentir mejor, estaba triste. Subí a mi habitación y vi cómo Warhammer me miraba, con su espada mística en la mano. Supe lo que quería decirme, lo cogí en silencio y nos fuimos a la habitación de mi hermana a arrancarles la cabeza a las muñecas. Ese día tampoco hicimos prisioneros.

Fin…

“Un paseo matutino” ………Javier Rodriguez

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Relato Breve escrito por : Javier Rodriguez

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