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Una alfombra roja de Marrakech … Mary Carmen Caballero

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Mi mano tiembla. El olor a pólvora me marea. Veo la sangre expandirse por el pavimento y teñir de rojo la alfombra. La puñetera alfombra que compramos en el zoco de Marrakech antes de que Dani hubiese nacido.

La sangre mana a borbotones del orificio redondo de la herida, justo en el lado izquierdo, a escasos centímetros del corazón. La sangre es muy líquida, aunque yo siempre había pensado que sería densa y pastosa, pero no. Poco a poco va inundando el salón, cubriendo casi por completo la alfombra, la alfombra que nunca debimos comprar en Marrakech. Más

“Indisciplinada”… Mary Carmen Caballero

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Luz es mi nombre con el que me identifico, lo que soy de verdad, cuando en las mañanas la bruma me impide ver con nitidez mi futuro.relatos indisciplinados

Ahora estoy de Maestra en Londres, me han encargado una Crónica de los tipos y tipas que conforman las plantillas del exterior y lo que al principio me parecía un rollo burocrático sin más se está convirtiendo en una aventura sociológica. Voy uniendo datos y nombres, pero sé que por detrás late la vida, como la mía. A veces me detengo, sin prisa, y dejo que se acalle El ruido de mi vida, entonces abandono las obligaciones inminentes de la administración y redacto mis vivencias como el que escribe una crónica.

Sí, cada semana, me refugio en la biblioteca del 96 de Euston Road en el barrio de Bloomsbury, ¿dónde si no?, y redacto mi Crónica semanal de una maestra en Londres, es mi pequeña contribución a la memoria, la personal, que no la histórica, aunque, cuando después de estar concentrada durante horas repasando Mi colección de momentos, rodeada de estudiosos Vestidos de domingo, me parece que en el fondo todo lo escrito es en realidad la historia con mayúsculas, el legado de una vida, la mía, para mí misma y, quién sabe, quizás también para otros. Yo soy de escribir a corazón abierto, sin corazas, como diría Benedetti, poeta al que leo en mis ratos de soledad. Más

“Números primos”… Mary Carmen Caballero

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Siempre he sido algo despistada, olvido las caras y los nombres, no sé mirar en los mapas y siempre me pierdo en mi propia ciudad. En cambio, jamás olvido una fecha, ni una matrícula, ni un número de teléfono. Los números ponen orden en mi mente y en el caos de mi vida.

Quizás, por esto, soy profesora de matemáticas, por mi facilidad con los números. También porque ellos abren un universo de posibilidades. Pero, sobre todo, porque me definen a mí misma. Hay números enteros y quebrados, positivos y negativos, finitos e infinitos e, incluso, primos. Y, todo esto, sin entrar en demasiadas especificaciones, como en casi todo.

En realidad, mi vida y mis relaciones bien se pueden relatar a través de los números. Con diecisiete me topé con él en el pasillo del instituto. Tenía la mirada azul de los océanos y el día que me sonrió entendí en mis propias carnes la teoría copernicana. Yo ya no sería más el centro de mí misma, mi vida giraría desde ese instante en un estado de anonadamiento permanente e inmutable alrededor de él. Un día, bajo la escalera que llevaba a los laboratorios, mientras yo le intentaba explicar las complejidades de un logaritmo, él aprovechó la proximidad provocada al estar unidos por un mismo cuaderno para darme un beso, cálido y tierno, con el que comprobé que los números nada tienen de fríos y, mucho menos, de asépticos. Más

“Testamento”… Mary Carmen Caballero

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Llegó despacio y se mantuvo ausente todo el tiempo que duró la lectura del testamento. En realidad, no sabía muy bien qué hacía allí entre todos aquellos que decían que la conocían o que guardaban algún tipo de vínculo o de parentesco con ella. Todos los presentes se giraron y lo miraron desconfiados cuando entró en la sala del notario. Las miradas desconcertadas que se intercambiaban unos a otros eran una evidencia clara de que nadie sabía de su existencia y se preguntaban quién sería aquel tipo escuálido y desgarbado que no encontraba acomodo en la silla que la eficiente secretaría le acercó. Él se sentó detrás, junto a la ventana en el rincón más cercano a la puerta. Más

“Extraños en la oficina”… Mary Carmen Caballero

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Noa mira por la ventana mientras los compañeros de oficina teclean concentrados en sus pantallas sin apenas moverse. Cada mañana el ritmo en la oficina es frenético, nadie se puede distraer, y mucho menos ella que acaba de revalidar su cargo. Han sido meses duros de intensa formación, de madrugadas imposibles y de un montón de cafés, de nevera vacía y de comidas en cualquier restaurante de menú diario. Pero, ha merecido la pena, su presentación fue brillante y dejó aniquilados a los otros tres rivales que optaban a su mismo puesto. Solo flaqueó una décima de segundo en la entrevista definitiva cuando, cara a cara con el otro candidato finalista, percibió en su mirada un destello de superioridad. Los jefes, sentados al fondo de la mesa kilométrica que imponía con su tamaño las diferencias de estatus, no lo percibieron y eso a ella le benefició. Más

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