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“Tocando el bajo”…Mary Carmen Caballero

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No hubo tiempo para decir adiós. Por una parte es mejor así, yo tan solo cerré la puerta y lo dejé allí absorto en sus pensamientos y en mi despedida.

Hoy hace frío y la montaña cubierta de nieve es una invitación para quedarse en casa con una taza de café caliente y poner una banda sonora que acompañe la lectura de un buen libro. Debería haber sido así siempre, mañanas tranquilas de las que no se anotan en los recuerdos porque aparentemente no aportan nada, tan solo son una hoja más del calendario o de la agenda. La pequeña cabaña en la que vivo está lejos de todo, situada en una altiplanicie donde el valle rompe sus límites y se inician las lomas cada vez más escarpadas que concluyen en los vértices nevados de una cordillera infinita y blanca. La soledad es absoluta, el silencio también. Más

“La fotografía”… Mary Carmen Caballero

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Viento azul en su camisa blanca, su sonrisa estancada en la eternidad inmóvil de los que no están. Observo más de cerca su rostro, no hay ninguna modificación en sus rasgos, ni los producidos por el tiempo ni, tampoco, restos de los que se moldean con las erosiones de los sentimientos. Simplemente permanece igual, con la mirada perdida en los recuerdos que no llegaron y en las caricias que no me dio. Más

“La caricia olvidada”… Mary Carmen Caballero

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enamoradosSe acerca lento con la seguridad cierta del que llega a la meta. Bordea táctico el espacio que la aisla formando un cerco protector de la gente anónima que la rodea. Ella sonríe y habla ajena al hombre que la sueña, esparce palabras de las que a él solo le llegan sílabas entrecortadas. Él la observa de más cerca y percibe el halo mágico de su presencia. Más

“Fiesta de cumpleaños”… Mary Carmen Caballero

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chica-chicLa tarde de la fiesta de su vigésimo cumpleaños Mimi ocultaba sus ojos azul mar infinito tras unas gafas enormes de Gucci. En cambio, lucía sin ningún recato sus preciosas piernas embutida en una minifalda de Chanel y, con una camisa transparente de Lacoste, dejaba imaginar, sugerente y atrevida, el resto de su figura. Más

“El saludo”… Mary Carmen Caballero

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Al girar el coche para entrar en la calle posterior a la del garaje, un ceda al paso obliga a la frenada. En frente de mí, cuando inicio la marcha, se encuentran unas casitas bajas, olvidadas por la burbuja de la construcción que, de forma inexplicable, han olvidado derruir para construir en su lugar mastodónticos edificios.

Al encarar la calle, despacito a causa del giro, un anciano desde la puerta de su casa, una casita baja y anacrónica en la ciudad, levanta su mano y saluda.

Es un viejito encorvado y ausente, que considera el saludo matutino a los coches su obligación diaria. Apenas detiene su mirada en los conductores, pero su mano se agita, incansable y lenta, cada vez que uno de los coches anónimos pasa por delante de su puerta.

Él permanece inamovible en el quicio sujetando sus muchos años y levantando despacioso la mano. En ocasiones los coches pasan algo rápido y a él no le da tiempo a elevar de nuevo su mano arrugada para iniciar un nuevo saludo.

Todas las mañanas el viejito de la puerta espera mi llegada para saludarme.  No es un saludo extraviado, sé que va dirigido a mí de forma sutil y directa. Cuando paso con mi coche delante de él, yo le sonrío.

Cada mañana constato también que, a pocos metros, permanecen, aparcados y expectantes, un coche de los servicios sociales y otro de la funeraria a la misma distancia, próxima y equidistante, de la puerta del anciano.

Anciano solo

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Microrrelato escrito por Mary Carmen Caballero

“Pacto de hermanas”… Mary Carmen Caballero

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.Hermanas - campos de castilla

Son las cuatro de la tarde. El calor incendia la tierra desprendiendo un vapor de caldera que mueve con ilusiones ópticas el paisaje que la rodea.

Este verano es asfixiante. En todos lados hace calor, pero en ningún sitio es tan aplastante como en La Mancha– piensa.

Lo cierto es que ella no tiene demasiados elementos de juicio para establecer una conclusión tan categórica, y no los tiene, entre otras razones, porque jamás ha experimentado en toda su vida otra realidad que no sea la de esta tierra reseca y árida en la que ha transcurrido su medio siglo de vida.

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“Encuentro”… Mary Carmen Caballero

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abrazoHabían alquilado la casa en lo alto de la colina en un paraje idílico, lejos de las otras construcciones de la mancomunidad. Lo habían hecho de mutuo acuerdo aunque desde lugares diferentes. Tomar la decisión no había sido sencillo y lo habían pospuesto en demasiadas ocasiones. Llegaron por separado cada uno con su pequeña maleta y los dos se quedaron inmóviles frente a la puerta esperando que el otro tomase la iniciativa y la abriera. La risa incontrolada y la dificultad al girar la llave evidenció el nerviosismo de él,  la falta de coherencia en las frases incipientes que ella pronunció delataron la inquietud de ella. Más

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