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“La caricia olvidada”… Mary Carmen Caballero

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enamoradosSe acerca lento con la seguridad cierta del que llega a la meta. Bordea táctico el espacio que la aisla formando un cerco protector de la gente anónima que la rodea. Ella sonríe y habla ajena al hombre que la sueña, esparce palabras de las que a él solo le llegan sílabas entrecortadas. Él la observa de más cerca y percibe el halo mágico de su presencia. Más

“Fiesta de cumpleaños”… Mary Carmen Caballero

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chica-chicLa tarde de la fiesta de su vigésimo cumpleaños Mimi ocultaba sus ojos azul mar infinito tras unas gafas enormes de Gucci. En cambio, lucía sin ningún recato sus preciosas piernas embutida en una minifalda de Chanel y, con una camisa transparente de Lacoste, dejaba imaginar, sugerente y atrevida, el resto de su figura. Más

“El saludo”… Mary Carmen Caballero

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Al girar el coche para entrar en la calle posterior a la del garaje, un ceda al paso obliga a la frenada. En frente de mí, cuando inicio la marcha, se encuentran unas casitas bajas, olvidadas por la burbuja de la construcción que, de forma inexplicable, han olvidado derruir para construir en su lugar mastodónticos edificios.

Al encarar la calle, despacito a causa del giro, un anciano desde la puerta de su casa, una casita baja y anacrónica en la ciudad, levanta su mano y saluda.

Es un viejito encorvado y ausente, que considera el saludo matutino a los coches su obligación diaria. Apenas detiene su mirada en los conductores, pero su mano se agita, incansable y lenta, cada vez que uno de los coches anónimos pasa por delante de su puerta.

Él permanece inamovible en el quicio sujetando sus muchos años y levantando despacioso la mano. En ocasiones los coches pasan algo rápido y a él no le da tiempo a elevar de nuevo su mano arrugada para iniciar un nuevo saludo.

Todas las mañanas el viejito de la puerta espera mi llegada para saludarme.  No es un saludo extraviado, sé que va dirigido a mí de forma sutil y directa. Cuando paso con mi coche delante de él, yo le sonrío.

Cada mañana constato también que, a pocos metros, permanecen, aparcados y expectantes, un coche de los servicios sociales y otro de la funeraria a la misma distancia, próxima y equidistante, de la puerta del anciano.

Anciano solo

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Microrrelato escrito por Mary Carmen Caballero

“Pacto de hermanas”… Mary Carmen Caballero

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.Hermanas - campos de castilla

Son las cuatro de la tarde. El calor incendia la tierra desprendiendo un vapor de caldera que mueve con ilusiones ópticas el paisaje que la rodea.

Este verano es asfixiante. En todos lados hace calor, pero en ningún sitio es tan aplastante como en La Mancha– piensa.

Lo cierto es que ella no tiene demasiados elementos de juicio para establecer una conclusión tan categórica, y no los tiene, entre otras razones, porque jamás ha experimentado en toda su vida otra realidad que no sea la de esta tierra reseca y árida en la que ha transcurrido su medio siglo de vida.

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“Encuentro”… Mary Carmen Caballero

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abrazoHabían alquilado la casa en lo alto de la colina en un paraje idílico, lejos de las otras construcciones de la mancomunidad. Lo habían hecho de mutuo acuerdo aunque desde lugares diferentes. Tomar la decisión no había sido sencillo y lo habían pospuesto en demasiadas ocasiones. Llegaron por separado cada uno con su pequeña maleta y los dos se quedaron inmóviles frente a la puerta esperando que el otro tomase la iniciativa y la abriera. La risa incontrolada y la dificultad al girar la llave evidenció el nerviosismo de él,  la falta de coherencia en las frases incipientes que ella pronunció delataron la inquietud de ella. Más

“Doña Gatita”… Mary Carmen Caballero

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doña gatita

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Vivía sola en una casa diminuta y pequeña. El espacio habría sido suficiente para una única persona de no ser por los gatos con los que convivía. Siempre sola. A la soledad nadie la busca pero, con demasiada frecuencia, se presenta como una de esas visitas inoportunas que llegan de improviso y nadie es capaz de echarlas de casa. Así la encontró a ella. La mujer que vivía de sus silencios y que despertaba cierta ternura inicial, tan solo durante los primeros momentos de conocerla, después la empatía se borraba y dejaba paso a cierto resquemor entre los que la rodeaban que terminaban apartándose de ella sin saber muy bien el porqué. Petra se había acostumbrado a ella misma y a sus gatos. Más

“Palabras para Raquel”… Mary Carmen Caballero

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amigas

Llego hasta la farola que te sostiene. La famosa plaza en la que te encuentro está abarrotada de gente: turistas que se detienen para llevarse un trozo de la ciudad en Instagram, mujeres con prisas por alcanzar las últimas rebajas, adolescentes de pantalón corto que caminan en zigzag… todo se mueve. También tu sutil vestido de flores, que se deja mecer mimoso por una brisa suave con aspiraciones de viento antes de convertirse en una tormenta de verano. Más

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