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“Tardes de Fútbol” ….Merche Postigo

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Sentado en el sillón Ramón mira sonriente a su mujer por encima de las gafas. La presbicia le endulza la mirada. Ella está sentada en el extremo opuesto de la habitación, leyendo. Él, en el sillón, viendo el partido de futbol en la televisión. Al fin había llegado a conocerla. Una mujer difícil, complicada de satisfacer. Una mujer de carácter tranquilo, con ocasionales accesos de rabia caprichosa, solo cuando la provocaban. Ramón contempla a su mujer con ternura. Aún se ve joven, tiene la apariencia aniñada, con el carácter de un adulto gruñón. Esconde su edad entre cabellos canos, agraciados por un pequeño mechón negro que le cubre la zona superior de la frente. Ramón piensa que el mechón le ensombrece los ojos. Unos ojos grandes, como almendras Marconas, dos faros recelosos difíciles de mirar. Aurora tiene hoy entre las manos la última novela de amor de Angeles Mastretta “Mujeres de ojos grandes”, feminismo romántico, antagónico, su género preferido. Ella también observa a escondidas a su marido, enfrascado en ver la retrasmisión del eterno partido de futbol de los sábados. Ambos parecen ausentes a sus cruces de miradas. A veces ella estira las piernas y se ajusta la espalda al respaldo del sillón, le duelen los riñones, se hace mayor y la lumbalgia ataca fuerte con el frio del invierno. Traga saliva, tose con apuro, se ajusta el pañuelo a la garganta y vuelve a la lectura. Él la observa. Ella se sobresalta cuando su marido celebra con un aparatoso silencio el gol del equipo favorito. Sonríe divertida y vuelve al libro. Más

” Gare de Lyon” …. Merche Postigo

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Encontré la hoja abandonada en el asiento de un tren. El tren iba a alguna parte, aunque todos los viajeros, incluido yo, habíamos olvidado el destino. Diría que nos daba lo mismo a donde nos llevaba ese tren. Fuera donde fuera a donde el tren se dirigía, estábamos seguros de que ese no era el destino que hubiéramos elegido si nos hubiera preguntado el revisor malhumorado de la estación de Lyon, pero no preguntó, solo nos pidió el billete sin ni siquiera mirarnos. Esta mañana me hubiera gustado escuchar una pregunta amable. ¿Adónde se dirige el señor? Pero el revisor ha sido desagradable, tenia malas pulgas por la mañana.  Nos despachó a mí y al resto de viajeros sin contemplaciones, con un escueto adelante. ¿Adelante? ¿a dónde? A un lugar equivocado, sin alternativa. Pero ella, ella si había tenido alternativa, y sin embargo estaba abandonada en el mismo tren que todos nosotros. Con las letras al aire, los pensamientos rasgados, descuidados. No se encontraba en buen estado. Yo tampoco. Levantarme tan temprano, pasar frio y viajar en tren para poder alimentar a mi familia, se estaba convirtiendo en una pesada aventura. Una aventura que no había soñado en mis mejores años. Los años de aventuras habían pasado. Entonces me enamoré, perdí el sentido común, me casé, después perdí el sentido sin más, nació Tomas y ahora me veo obligado a pagar sus facturas y las mías. Las de ella las paga otro. Seguro que él que escribió la hoja también paga facturas. Las suyas y las de todos los que la manosean, los que la leen por delante y por detrás, las facturas de los que la estrujan, las de los que la abandonan en el asiento de un tren, de mi tren, de un tren con destino equivocado. Por fin la cogí , la miré de soslayo. Me llamó la atención sus colores y la tipografía itálica de sus palabras. La leí a escondidas, la portada primero, después la contraportada, no me interesaron, la oprimí enfadado, y la coloqué de vuelta en el asiento de mi tren. Mi otra compañera de viaje nos miró sonriente, yo le devolví una sonrisa forzada, resignada y a pesar de todo educada, la hoja permaneció en silencio, olvidada, a mi lado.

.Gare de Lyon

Relato Breve escrito por Merche Postigo

“Galletas de harina” …Merche Postigo

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.Galletas de harina .. Abuela

Las crisis de tristeza se habían visto paulatinamente relegadas al olvido, saturadas ahora por espacios de contenida alegría. Su carácter agrio volvió a brotar, a igual velocidad a la que se alejaba la melancolía. Los meses de depresión, algo normal a su edad, dijo la doctora, las semanas de reclusión en la cama, los días de no querer comer, de detestar cada una de las sabrosas comidas que su hermana le preparaba, se habían quedado atrás y la abuela, a sus noventa años, volvía a hacer gala de su socarronería, para disgusto de algunos vecinos y goce de la familia.

. Más

“La estación perdida” …Merche Postigo

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La chica de la chaqueta azul no dejaba de observarlo. A él le resultaba embarazoso sentirse observado. Se alejó del andén esperando perder la mirada de la joven, pero al cruzar los tornos metálicos la noche le sorprendió y comenzó a recordar. Era ella, la joven de la chaqueta azul, era ella, la mujer con la que había pasado los últimos cuarenta años y que ahora se difuminaba en su cabeza y desaparecía de su memoria con la velocidad del tren.

.La estación Perdida

“Entre dos hombres” …Merche Postigo

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Miró a su marido de soslayo. Luego giró la cabeza hacia donde se encontraba su amante. Sin pensarlo dos segundos les preguntó, ¿Qué día dejé de reconoceros?.

.Entre dos hombre

“Carretera a ninguna parte” … Merche Postigo

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El autobús sin luces ascendía por la carretera de la playa. Una carretera sinuosa y oscura los conducía a su destino. Era ya noche, el reflejo de la luna en el mar les permitía distinguir sus gestos. Ella lo miró con recelo un instante, él le devolvió la mirada con desafío. Se odiaban. Ella por haberse dejado enredar en sus mentiras, el por no haber sabido amarla. Salieron del autobús por puertas separadas, ya sin mirarse y la oscuridad de la noche los engulló.

.carretera a ninguna parte

“Verano en Paris” … Merche Postigo

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.verano en paris - narrador

Soy un narrador de cuentos. Solo soy la voz del autor disfrazada de palabras. Se me conoce por lo que digo, nunca me describen.

Ser el narrador de un cuento tiene más ventajas que inconvenientes. Soy invisible al lector y esta peculiaridad me permite irrumpir en las vidas de mis protagonistas, penetrar en sus habitaciones más secretas, encontrarlos en las noches de luna nueva, cuando se esconden en los hoteles. Verlos en los descampados oscuros a través de los cristales empañados del amor, y escuchar sus jadeosas respiraciones. Pero como narrador, lo que más me gusta es enredarme en los pensamientos de mis protagonistas. Más

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