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Parada Intermedia-El tren a ninguna parte

El lento serpentear del tren me aleja de mi punto.

La estación que dejé atrás hace cinco minutos estaba irreconocible. Los asientos de hierro corroídos. La marquesina con su letrero luminoso cubierto de enredaderas secas dejaba poca visibilidad al andén. Las sombras y el viento implacable, por un segundo, me habían empujado a darme la vuelta. En cambio, subí, con cierta fatiga. Al poco de estar en el vagón, inquieto de tanto silencio, miro el reloj recuerdo de mi padre. Las agujas se han parado. Intento darle la cuerda, inútilmente. Incómodo, los glúteos aplastados sobre los asientos de madera astillada como en los trenes del “Far West”, me pregunto si he hecho lo mejor. Más