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“El divorcio de mis ojos”…Pepe Marquina

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A veces Julio Collado me asusta un poco con sus artículos. ¡Son tan reales!:

“Hace unos días la vida me hizo una de sus jugarretas.

Enfrascado en los graves problemas que aquejan al mundo, desde la sequía al hambre, y la infame injusticia que significa las diferencias entre unas personas y otras, me di de bruces con el divorcio de mis ojos.

Y como siempre que esto sucede lo mejor es acudir a un mediador matrimonial, no tuve más remedio que acudir a Urgencias. La cosa pintaba mal.

Ya es difícil mirar al mundo e intentar comprenderlo usando al unísono los dos “luceros” como canta Mercedes Sosa en Gracias a la vida (“Gracias a la vida que me ha dado tanto/: Me dio dos luceros que, cuando los abro,/ perfecto distingo lo negro del blanco/ y en el alto cielo, su fondo estrellado/ y en las multitudes, el hombre que yo amo”) como para interpretar dos visiones totalmente enfrentadas. Así es que allí, al Hospital, llegué buscando remedio a mi borrachera de imágenes. Era domingo y de mañana y hubo suerte.

Nada más llegar, me recibieron las manos expertas y amables, siempre amables, de las auxiliares y enfermeras. Después, médicas y médicos. Y la tranquilidad de estar al cuidado de trabajadoras y trabajadores competentes. Y el agrado de ver sonrisas muy a menudo. Pienso ahora que, quizás, las sonrisas no curen del todo el cuerpo, pero sin duda ayudan un montón”.

Afortunadamente Julio está en casa y en plena forma. Cuídate mucho.

Suelto escrito por Pepe Marquina

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“Papeles en la pared” …Merche Postigo

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.Papeles en la pared -telefono

Los viernes a las siete de la tarde, de vuelta de la rutina de un trabajo en una oficina sin luz ni ventanas, Pascual se quitaba la ropa sudada por el calor y por la ausencia de aire acondicionado, se refrescaba bajo la ducha, y una vez enfundado en el viejo chándal de felpa del instituto se sentaba en el sillón, junto a la ventana, y marcaba aquel número en el teléfono. La llamada de los viernes. Ella en la distancia esperaba. Más

“Siniestro total” …Alejandro Nanaclares

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 ¿Oiga, oiga…? ¿Me puede oír? ¡Anda, pero si está usted consciente! Después de tanta vuelta de campana pensaba que… Pero… ¿Se encuentra bien?

  • Uh… ¡Eso creo! Ayúdeme a salir de aquí
  • Un momento, un momento. No se impaciente – dijo abriendo una navaja del tamaño de un machete- ¡Ya está! He cortado el cinturón de seguridad que le estaba estrangulando. Ahora, alárgueme una mano, le ayudaré a salir por la ventana. Como el vehículo ha quedado bocabajo, no se puede abrir la portezuela. Despacio; despacio ¿Se puede levantar ya?
  • Creo que si. La verdad es que estoy bastante mareado –respondí mientras salía a gatas a la hierba escarchada de la cuneta- pero si usted me ayuda, creo que las piernas me sostendrán.
  • No, espere, espere… ¡Increíble, si se mantiene de pie y todo! – y su exclamación produjo una bocanada de vaho delante de mi cara.
  • ¡Que suerte ha tenido! Prácticamente ileso ¡Ah, menos mal que suelo pasar por aquí!

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“Gafas en la nevera” … Matilde Tricarico

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.gafas en la nevera - caja galletas danesa

Se extrañó, la abría todas las mañanas y nunca antes la había visto. Con su presbicia era difícil distinguir los objetos sin las gafas correctoras.

Además procuraba dejar la capa del fondo siempre llena para no quedarse sin ellas en un día de lluvia. La misma caja de galletas danesas desde hace años. Él no iba a cambiar lo que estaba bien y había dejado su mujer.

La llave era pequeñita, la mitad de su dedo menique, dorada, descolorida.

La palpó como si quisiera que le hablara y le contara su secreto, igual no había ninguno. Estaba sola y olvidada en medio de las galletas que no le hacían caso. Más

“El caminante y el halcón” … José L. Recio

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.El caminante y el halcon - Colibri de cola larga

Cuando la luz y la sombra alcanzan un marcado contraste, el calor quema la maleza,  y los guijarros crepitan bajo la suela de las botas, un joven ornitólogo, su rostro y brazos bronceados por un despiadado sol del desierto, camina por un sendero solitario. Dos horas antes, marchaba por un desfiladero entre castaños y plantas de hojas anchas, siguiendo el curso del pájaro “sílfide de cola larga, una especie única de colibrí, para, si la oportunidad se presentase, capturarlo. ¿Cómo fue que perdió su curso y ahora se encuentra en este caluroso valle?

Con la palma de su mano, el joven se limpia el sudor de la frente. Está disfrutando de la experiencia, no obstante: la vista de las lejanas colinas, el dorado campo, el verde cactus con su fruta roja, el sonido de sus pasos… ¿Pero cómo ha llegado él hasta aquí? ¡LaSílfide azul lo hizo! En su imaginación, él ve otra vez aquel insecto azulado, excepcionalmente grande, que, surgiendo de un arroyuelo que corría justo al borde de la vereda por la que caminaba, gira hacia él y su pálida cara, como de muñeca, lo mira fijamente: ”Yo soy una sílfide, y en nuestro mundo, nos protegemos los unos a los otros. Deja al colibrí en paz”. El viento le trae estas palabras a sus oídos, en tanto que el insecto bate sus alas. En aquel momento, una fuerte corriente de aire lo desplaza. Y ahora, aquí está, caminando por este sendero polvoriento.

Está tratando de orientarse cuando un pájaro grande, posado en la punta de un cardo solitario, acapara su atención. Es un halcón. Se acerca al pájaro. ¿Qué verá en mí un ave de rapiña? El halcón aprieta sus garras con fuerza. El ornitólogo admira su cuerpo alargado, sus plumas de color castaño, su pico curvado en la punta y sus poderosas garras. Lentamente, se le va acercando aún más, agarrando las tiras de cuero de su mochila, y entonces ve manchas de sangre en la pechuga. Se detiene al borde del sendero, en frente del halcón, el cual adopta una pose arrogante y desafiante. El pico aparece manchado de sangre también. El joven aborrece lo que está viendo: el halcón ha atrapado una paloma blanca, que sangra, moribunda, entre sus garras. De nuevo, aparece la Sílfide azul, aleteando en el aire entre él y el halcón: “Renuncia a tus intenciones de capturar el colibrí de cola larga. Mira lo que le está pasando a esa paloma blanca”—una suave brisa le trae estas palabras.

Mucho que aprender, reflexiona el caminante, y otra vez apela a su intuición para encontrar su rumbo.

.El caminante y el halco - el halcon

Relato Breve escrito por José L. Recio

El cuento “El caminante y el halcón” es una traducción hecha por el autor del original en inglés (“The Hiker and the Hawk”) publicado en la revista Aether and Ichor (febrero 26, 2017)
El cuento en su versión española fue publicado por las dos castillas  (Junio 12, 2017 )

 

“El arte de preguntar” …Pepe Marquina

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Breve extracto de un artículo de Julio Collado:

.

“Pensaba Sócrates que el oficio de filósofo o maestro era muy parecido al de partera que tenía su madre Fainarate.

Al igual que ella ayudaba a alumbrar a un bebé que estaba escondido, así el filósofo debía ayudar al alumno a descubrir el saber que guardaba en su interior.

Para lograrlo, se valía de preguntas, a veces de “perogrullo”, de modo que fuera el propio alumno el que ante el desconcierto, reflexionara y buscara las respuestas por sí mismo.

Como las respuestas siempre dejan flecos, provocan nuevas preguntas y así indefinidamente. Porque nunca se podrá conocer cabalmente la verdad. Un grafitero argentino lo expresó con esta frase: “Cuando sabía la respuesta, me cambiaban la pregunta”.

Es el modo de evitar el monólogo del maestro para entrar en el diálogo con el alumno; y ambos con la realidad inaprensible que los rodea. Es el arte de la mayéutica. El arte de preguntarse, el arte de nunca dar por incuestionable ninguna respuesta venga de donde venga”.

.Fainare la madre de socrates

Suelto escrito por Pepe Marquina

“Invitación de boda” …Merche Postigo

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.Invitación de boda - la carta

El día que decidí volver a casa no sabía muy bien lo que hacía. En ocasiones te empeñas en saltar muros imposibles hasta que ves la altura de las vallas. Habían pasado muchos años desde que abandoné a mi entorno. Tenía solo veinte y muchos deseos escritos en un pedazo de papel. Ahora llevaba tiempo buscando motivos para regresar.

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