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“El saludo”… Mary Carmen Caballero

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Al girar el coche para entrar en la calle posterior a la del garaje, un ceda al paso obliga a la frenada. En frente de mí, cuando inicio la marcha, se encuentran unas casitas bajas, olvidadas por la burbuja de la construcción que, de forma inexplicable, han olvidado derruir para construir en su lugar mastodónticos edificios.

Al encarar la calle, despacito a causa del giro, un anciano desde la puerta de su casa, una casita baja y anacrónica en la ciudad, levanta su mano y saluda.

Es un viejito encorvado y ausente, que considera el saludo matutino a los coches su obligación diaria. Apenas detiene su mirada en los conductores, pero su mano se agita, incansable y lenta, cada vez que uno de los coches anónimos pasa por delante de su puerta.

Él permanece inamovible en el quicio sujetando sus muchos años y levantando despacioso la mano. En ocasiones los coches pasan algo rápido y a él no le da tiempo a elevar de nuevo su mano arrugada para iniciar un nuevo saludo.

Todas las mañanas el viejito de la puerta espera mi llegada para saludarme.  No es un saludo extraviado, sé que va dirigido a mí de forma sutil y directa. Cuando paso con mi coche delante de él, yo le sonrío.

Cada mañana constato también que, a pocos metros, permanecen, aparcados y expectantes, un coche de los servicios sociales y otro de la funeraria a la misma distancia, próxima y equidistante, de la puerta del anciano.

Anciano solo

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Microrrelato escrito por Mary Carmen Caballero

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“Metro a metro” …Mary Carmen

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Micro Relato escrito por : Mary Carmen 

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vagón de metroCuarenta y tres escalones de la superficie al andén. Trece paradas de mi casa al trabajo. Treinta minutos de ida. Un periódico gratuito. Dos asientos vacíos. Un empujón. Ningún asiento vacío. Una canción con letra pero sin música. Más personas dentro. Una música sin canción. Un emigrante. Un coche de niño pequeño de una emigrante. Algunas carpetas con estudiantes. Un perfume barato. Un perfume escandalosamente caro. Un e-book  y un Interviú. Un sudor sin afecto. Un anciano con bastón pero sin asiento. Una anciana con asiento sobre una joven escuálida. Un maletín. Un i-phone 5/ 50/1000 con un ejecutivo. Una mirada en el cristal de la ventanilla de una adolescente. Un monopatín con adolescente. Un retoque de labios de una señora muy señora. Un niño con una madre. Una mujer sin hijos, quizás con madre. Una sonrisa. Una bolsa olvidada. Un porro a medio hacer. Un beso encontrado. Treinta minutos de vuelta. Trece paradas del trabajo a mi casa. Cuarenta y tres escalones del andén a la calle.
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