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“Esperando a Gael” … Merche Postigo

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Esperando a Roman - Manos de anciana

Sentada en el sillón, erguida y abatida con las manos cruzadas en el regazo, María Rosa paliaba el dolor de espalda esperando a Gael. Mientras tanto, su hija, sentada en el sofá, mantenía un libro entre sus mano y fingía que leía.

María Rosa se estaba recuperando a duras penas de una grave operación. Sus ochenta y seis años conservaban fuerzas e ilusión para salir adelante, al menos unos cuantos años más, decía ella con cierto miedo.

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“Uñas de coral”… Mary Carmen Caballero

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El agua roza inquietante mi pie, lame con su saliva salada mis dedos atreviéndose osada a filtrarse entre mis uñas de coral que destacan entre el cristal transparente de las olas. Contemplo mis pies entregados al cosquilleo infinito de un mar en fuga.

Quizás si alargase mi mano, también con uñas de coral pero de un color menos intenso, podría rociar mi cara y aliviar la incipiente sequedad que noto. Observo los granos de arena que cubren mis piernas y que brillan como pepitas de oro ante la intensidad lumínica de un sol de justicia que, implacable, dora mi piel y, a veces, la enrojece con la aviesa intención de quemarme. Pero a mí eso no me preocupa, tengo la piel grasienta de crema protectora y la sombrilla estratégicamente posicionada para burlar los rayos de sol. Más

“El carrusel” …Merche Postigo

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.Carrusel - al levantarse

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Con esfuerzo me muevo entre las sabanas, estiro las piernas, saco los pies fuera y me apoyo en el suelo. Es de madera. La habitación está limpia. Me gusta caminar descalza. La noche ha sido fría y a mis rodillas les cuesta reiniciarse. La habitación está oscura. Corro las cortinas y la luz del sol me daña los ojos. Los vuelvo a cerrar, alargando el sueño. Más

“Lisboa Puerta B1” … Merche Postigo

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Lisboa puerta B1.

Mientras ella miraba asombrada a aquel hombre de manos grandes, cuello grueso de toro, de cabellos finos, rubios y lisos, fuertes como lianas, de boca sensual , de mentón corto y ojos azules, el cruzó el umbral de la puerta de la habitación que compartían, inclinando la cabeza. Dos metros de altura le impedían hacerlo de otra forma. Más

“Te prometo que no volverá a suceder” … Alejandro Nanclares

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.te prometo que no volvera a suceder

Parte II ….–>  Esa misma tarde, mientras paseaba por aquí y por allá, en un momento dado cayó en la cuenta. Al fin comprendió el origen de tan peculiar comportamiento. Aquella mujer había encontrado en la inmovilidad su estrategia. No recordaba dónde, pero  Mon había leído que algunos animales, como las gacelas de Thompson o los corzos, al sentirse amenazados se paralizan. Que son capaces de adoptar la inmovilidad  más absoluta para pasar desapercibidos. Que el miedo les hace incluso detener la propia respiración durante unos pocos minutos. Y precisamente eso era lo que él había visto: la inercia de una cautela muy parecida al miedo. En el caso de Crista, la conciencia de su propia fragilidad le había llevado a elegir idéntica defensa del mimetismo. Más

“Te prometo que no volverá a suceder” …Alejandro Nanclares

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Parte 2

.te prometo que nunca volverá a suceder

 Parte 1 ….. Ordenó lo poco que llevaba en la mochila sobre los estantes del armario y luego se tumbó en la cama. Quería calcular las consecuencias de su decisión y cómo empezaba a planteársele la nueva circunstancia. Intentaba imaginar qué podría decir ella, cuál sería la opinión de su esposa de saber qué era de él en ese momento. Sopesar, también, si por una vez había actuado tino y con sensatez, pero poco rato después se quedó dormido. Despertó un par de horas más tarde, cuando la luz de la tarde había comenzado a decrecer. Tomó una ducha rápida, se afeitó, se cambió de camisa y, tras cerciorarse que la ventana francesa quedaba cerrada, dio media vuelta al edificio con dirección a la puerta principal. En la barra, entre ambos cumplimentaron su ficha delante de una cerveza fría y, una vez acabada, Teo le hizo pasar al comedor del establecimiento, al que se accedía desde la misma sala del bar Más

“Te prometo que no volverá a suceder” ….. Alejandro Nanclares

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Parte 1

.1

Llamo varias veces a su mujer a lo largo de la semana, pero ella no le cogió el teléfono. No quería volver a verle, eso estaba bien claro. Ni tan siquiera quería volver a escuchar su voz. Aunque lo cierto era que Mon, a esas alturas, solamente deseaba pedirle que le perdonara.  Pedirle que le perdonara de nuevo. Nada más que eso, perdón por última vez. Aunque sabía de sobra que ya nada podría volver a ser igual. No tal y como había sido antes. Más

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