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“Galletas de harina” …Merche Postigo

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.Galletas de harina .. Abuela

Las crisis de tristeza se habían visto paulatinamente relegadas al olvido, saturadas ahora por espacios de contenida alegría. Su carácter agrio volvió a brotar, a igual velocidad a la que se alejaba la melancolía. Los meses de depresión, algo normal a su edad, dijo la doctora, las semanas de reclusión en la cama, los días de no querer comer, de detestar cada una de las sabrosas comidas que su hermana le preparaba, se habían quedado atrás y la abuela, a sus noventa años, volvía a hacer gala de su socarronería, para disgusto de algunos vecinos y goce de la familia.

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“Verano en Paris” … Merche Postigo

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.verano en paris - narrador

Soy un narrador de cuentos. Solo soy la voz del autor disfrazada de palabras. Se me conoce por lo que digo, nunca me describen.

Ser el narrador de un cuento tiene más ventajas que inconvenientes. Soy invisible al lector y esta peculiaridad me permite irrumpir en las vidas de mis protagonistas, penetrar en sus habitaciones más secretas, encontrarlos en las noches de luna nueva, cuando se esconden en los hoteles. Verlos en los descampados oscuros a través de los cristales empañados del amor, y escuchar sus jadeosas respiraciones. Pero como narrador, lo que más me gusta es enredarme en los pensamientos de mis protagonistas. Más

“Mientras duermes” …Merche Postigo

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Mientras duermes-Mujer leyendo.

Sentada en el sofá, con la mirada perdida entre las páginas del periódico local, la mujer pasa las horas con apresurada cadencia. Revisa los titulares, busca noticias, quizás solo quiere que el tiempo llegue. No hay nada que hacer por las tardes. Solo esperar a que den las seis.

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“Maniquíes” …Merche Postigo

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.Maniquies - Merceia

La casa que habían alquilado mis padres tenía, justo debajo, una mercería. La mercería se iluminaba cada día a las nueve de la mañana. Era una tienda pequeña. Demasiado coqueta para el barrio donde nos habíamos venido a vivir. Tenía estanterías blancas, metálicas, que lucían muy bien con unos llamativos faldones con volantes, estampados de ramos de rosas rojas y mimosas amarillas bordadas. La propietaria era una mujer de edad indefinida que lucía en el cabello algunas líneas blancas, se peinaba siempre con una coleta recogida en la nuca que adornada con los abalorios que vendía en la mercería. Mi mama decía que así promocionaba sus productos. Yo nunca entendí que quería decir eso, tampoco me importaba. Me gustaba la mercería, y su dueña era amable conmigo.

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“Hermanos” …Merche Postigo

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.Boda gitana - hermanos

La mañana del domingo de Pascua se presenta soleada y tranquila en el poblado. Las gallinas han salido con prisas del corral en busca del gallo. Este, las espera afuera, plantado en mitad del abrevadero, gritando y despertando a toda la tribu. Con el alboroto, Antonio ha abierto los ojos, y nota que la Sagrario ya no está en la cama. Se levanta disgustado y otea la cocina. Otra vez no hay nada preparado en la mesa para desayunar.
– Ni siquiera sabes robar un huevo pal desayuno – le recrimina ufana la Sagrario mientras lo observa desde la puerta de la calle.

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“Don Perfecto” … Merche Postigo

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don perfecto - aura.

Apareció por el pasillo de la oficina sin hacer ruido, sentirlo resultaba difícil, tampoco lo esperábamos, su aura, tan limpia como la cama de un recién nacido, venía por delante. Más

“Pantalones negros” …Merche Postigo

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mujer de cabello rizado

Pantalones negros extraídos del fondo del armario, pantalones de otros tiempos. Blusa de poliéster, blanca, comprada en las ofertas chinas. La blusa la deja por fuera de los pantalones, trata de disimular esos quilos de más que ha ido acumulando con el paso de los años. Te sientan bien, le dicen los amigos, ella no les cree. Ahora tienes cuerpo de mujer. Tampoco le gustan los halagos. Los zapatos están viejos se ven raídos, son de tacón bajo. Es muy alta y prefiere no asustar a los contrarios. Ahora lleva el pelo suelto, rizado, tiene una ondulación loca que le cubre a veces la frente. Su pelo fue un problema en otros tiempos. Las chicas bellas tenían los cabellos lisos y la cabeza hueca. Ahora por fin le gusta su cabello rizado, no lo peina nunca; solo cuando se ducha. Las mujeres con el pelo rizado son más libres, le dice el peluquero. Ella le cree mientras continúa alisando su melena. Tampoco tiene las uñas cuidadas. Nunca se las arregla, hoy tampoco, a veces las esconde en sus bolsillos, junto a sus pañuelos. Más

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