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“Hermanos” …Merche Postigo

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.Boda gitana - hermanos

La mañana del domingo de Pascua se presenta soleada y tranquila en el poblado. Las gallinas han salido con prisas del corral en busca del gallo. Este, las espera afuera, plantado en mitad del abrevadero, gritando y despertando a toda la tribu. Con el alboroto, Antonio ha abierto los ojos, y nota que la Sagrario ya no está en la cama. Se levanta disgustado y otea la cocina. Otra vez no hay nada preparado en la mesa para desayunar.
– Ni siquiera sabes robar un huevo pal desayuno – le recrimina ufana la Sagrario mientras lo observa desde la puerta de la calle.

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“Don Perfecto” … Merche Postigo

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don perfecto - aura.

Apareció por el pasillo de la oficina sin hacer ruido, sentirlo resultaba difícil, tampoco lo esperábamos, su aura, tan limpia como la cama de un recién nacido, venía por delante. Más

“Pantalones negros” …Merche Postigo

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mujer de cabello rizado

Pantalones negros extraídos del fondo del armario, pantalones de otros tiempos. Blusa de poliéster, blanca, comprada en las ofertas chinas. La blusa la deja por fuera de los pantalones, trata de disimular esos quilos de más que ha ido acumulando con el paso de los años. Te sientan bien, le dicen los amigos, ella no les cree. Ahora tienes cuerpo de mujer. Tampoco le gustan los halagos. Los zapatos están viejos se ven raídos, son de tacón bajo. Es muy alta y prefiere no asustar a los contrarios. Ahora lleva el pelo suelto, rizado, tiene una ondulación loca que le cubre a veces la frente. Su pelo fue un problema en otros tiempos. Las chicas bellas tenían los cabellos lisos y la cabeza hueca. Ahora por fin le gusta su cabello rizado, no lo peina nunca; solo cuando se ducha. Las mujeres con el pelo rizado son más libres, le dice el peluquero. Ella le cree mientras continúa alisando su melena. Tampoco tiene las uñas cuidadas. Nunca se las arregla, hoy tampoco, a veces las esconde en sus bolsillos, junto a sus pañuelos. Más

“En el café La Palma” …Merche Postigo

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.En el café la Palma - La calle

Adela se aseguró de que la puerta del cuarto de baño estuviera cerrada. Hacía poco tiempo que vivía sola de nuevo, pero mantenía hábitos de anteriores convivencias. Sentada en la tapa blanca del inodoro, miró con ternura la cajita blanca y comenzó a morderse una uña. Adela es joven y en ocasiones nerviosa, todo  al mismo tiempo. Su afición por morderse las uñas nació pronto, de noche. Un beso tuvo la culpa. Pero Adela nunca lo contó ni aprendió a decir que no. Se había pasado dos minutos perfilando la uña con sus dientes cuando se decidió y extrajo del interior de la cajita una pequeña varita plana. La sensación de que una cosa blanca con algo de rosa pudiera predecir el futuro la excitó. Dejó trascurrir el tiempo indicado en el prospecto y mientras tanto terminó de moldear otra uña. Cinco minutos más tarde Adela apoyó con ternura el palito encima del lavabo, bajó la mirada al suelo y se arropó la cabeza entre las manos. Sus piernas, todavía desnudas, comenzaron a temblar. Más

“La Puerta Munillo” …Merche Postigo

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.

La Puerta Munillo-Hombres fumandoNoelia volvía vacía. Había pasado la mitad de su vida de espaldas a las lomas, se marchó joven, con la mirada baja y sin poder mirar atrás. Hoy es el día del patrón, y Noelia ha vuelto al pueblo. Un lugar escondido entre lomas amarillas y secas; yasas(1) llenas de almendros y viñas rebosantes de uvas. Ahora, el sufrimiento permanecía acallado por la medicina del tiempo, Noelia deseaba reconciliarse con todo y con todos. Su ausencia había durado veinte años y esa joven de 15 años, de cabellos largos y ojos tímidos, había tenido tiempo suficiente para perdonar ese rincón donde la vieron nacer y la miraron al huir. Más

“El poder de la letra” …Merche Postigo

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.El poder de la letra - La Ñ

He salido corriendo, sin mirar atrás. Y ahora corro y corro, siempre hacia adelante, sin mirar atrás. Cuando alcanzo la explanada de la yasa (1), sigo corriendo aunque los pedruscos me frenan. También me canso. Entonces reduzco la marcha, aflojo un poco, vuelvo la cabeza y miro al pueblo. Más

“Un incendio en la cocina” …Merche Postigo

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Un incendio en la cocina- Mujer Roy Lichtenstein.

La tarde transcurría incierta, Nélida, recostada en el sofá, sujetaba un Gin-tonic en la mano y no paraba de mirar el teléfono. Lo levantó de la base hasta cuatro veces. Marcaba el número, esperaba al sonido de la llamada y cuando al otro lado de la línea contestaban, colgaba.

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