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“El camión de mudanzas escarlata” … John Cheever

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.John Cheever- El camion de mudanzas escarlata

Adiós al mortal aburrimiento de repartir un raquítico pollo entre una familia de siete, y a todos los demás ritos de los pueblos de las colinas. No me refiero a las aldeas que están de veras montaña arriba, como Asís, Perugia o Saracinesco, encaramadas sobre un despeñadero de novecientos metros de hondo, con murallas de aquel deprimente color gris de los cartones para camisas y líquenes color mostaza que florecen sobre los vencidos tejados. El terreno, de hecho, era llano, y las casas de madera. Hablo del este de Estados Unidos, de la clase de lugar donde vive la mayoría de nosotros. El municipio independiente de B____ tenía una población de tal vez doscientos matrimonios, todos ellos con perros y niños, y muchos con servicio doméstico; se asemejaba a una ciudad de las colinas en un solo aspecto, es decir, en que los enfermos, los desencantados y los pobres no podían escalar el escarpado sendero moral que constituía su defensa natural, y en que llegado el momento en que cualquiera de sus vecinos caía bajo el virus de la infelicidad o el descontento, consciente de la inutilidad de residir en un paraje de tal altura espiritual, se iba a vivir a la llanura. La vida era del todo cómoda y tranquila. B____ estaba exclusivamente reservado a los dichosos. Las amas de casa besaban con ternura a sus maridos por la mañana y con pasión al anochecer. En casi todos los hogares había amor, benevolencia y abundante esperanza. Las escuelas eran excelentes, las carreteras lisas, perfecto el alcantarillado e impecables los demás servicios públicos. Una tarde de primavera, al ponerse el sol, un inmenso camión de mudanzas, con letras doradas en ambos costados, recorrió la calle y se detuvo delante de la casa Marple, que había estado vacía durante tres meses. Más

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“Tres Rosas Amarillas” …Raymond Carver

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.tres rosas amarillas anagrama

Chejov. La noche del 22 de marzo de 1897, en Moscú, salió a cenar con su amigo y confidente Alexei Suvorin. Suvorin, editor y magnate de la prensa, era un reaccionario, un hombre hecho a sí mismo cuyo padre había sido soldado raso en Borodino. Al igual que Chejov, era nieto de un siervo. Tenían eso en común: sangre campesina en las venas. Pero tanto política como temperamentalmente se hallaban en las antípodas. Suvorin, sin embargo, era uno de los escasos íntimos de Chejov, y Chejov gustaba de su compañía. Más

“La señora del perrito” …Antón Chejov

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***UNO ***

.La señora del perrito

Un nuevo personaje había aparecido en la localidad: una señora con un perrito. Dmitri Dmitrich Gurov, que por entonces pasaba una temporada en Yalta, empezó a tomar algún interés en los acontecimientos que ocurrían. Sentado en el pabellón de Verney, vio pasearse junto al mar a una señora joven, de pelo rubio y mediana estatura, que llevaba una boina; un perrito blanco de Pomerania corría delante de ella. Más

“Una camisa” … Medardo Fraile

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.Una camisa-Medardo fraile-pescadores..

Fermín Ulía, pobre y todo —desde su barrio pobre— había recorrido ya, si no los siete mares, al menos dos o tres. Es que su barrio estaba en cuesta y entre las ventanas de las casas la ropa iba secándose en drizas débiles que habían cambiado la vela por la camisa y el pañal. Es que en su barrio había trajín al alba y se rompían los amaneceres con farolillos. Es que Fermín era pescador. Iba, a diario, a esa gran fábrica de aceite de hígado de bacalao: al mar; a esa gran fábrica de fósforo.

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“Confesión de maltratada”… Pepe Marquina

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Levantarse después de Caer

.

Yo, señor, perdí mi inocencia en su mirada,

en el labio seductor

con su sonrisa marcada,

en el acrobático ruedo

de sus palabras,

en el dulce salitre

de sus lágrimas.

La perdí…

en el anestésico vuelo

de sus promesas aladas,

en la centrípeta fuerza

de su aura cadabra,

en el sutil campanilleo

de sus dedos de hada…

Así me sumergí en la vorágine de su cáscara amarga

y germiné sus semillas en mis serviles entrañas.

Yo, señor, en mi ceguera perdí la ilusión temprana,

en su voz embrutecida,

en su baba encabronada,

en la humillación lasciva

sobre mi cuerpo de esclava,

..

en su faz ennegrecida,

en sus manos desbravadas,

en la apetencia marcida

sobre mi cara marcada,

en su hiel enfebrecida,

en su lengua avinagrada,

en las miserias vertidas

sobre mi pelvis mojada.

..

Me perdí…

en su ansia destructiva,

en su aliento de canalla,

en mi adiós a la vida

con sus besos de cizaña,

en su labia maldecida,

en su furia desatada

sobre la calma abatida

de mi piel amoratada…

Así, señor juez, lidié tan desigual batalla,

así cayeron los pétalos de mi primavera cana,

pero, dígame, ¿en qué momento se nubló

la luz de aquella mirada tan clara?

¿en qué verano se secó la fuente

de la que mana mi confesión de maltratada?

Más sepa usted, señoría,

y lo sepa el mundo con usted,

que toda mujer caída

se levanta siempre más mujer.

ExtSonetos del olivar raído de “Sonetos del Olivar” de Pepe Navas.  

“Una cosa más” … Raymond Carver

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Relato breve escrito por Raymond Carver

Texto base en “Principiantes” – traducción de Jesús Zulaika

Una cosa más Raymond Carver

La noche en que, al volver del trabajo, encontró  a su marido otra vez borracho e insultando a Bea, la hija de quince años de ambos, Maxine le dijo a L.D. que se fuera de casa. L.D. y su hija estaban en la cocina, discutiendo. Maxine no tuvo tiempo  ni de dejar el bolso ni de quitarse el abrigo.

Bea dijo:

– Díselo, mamá. Dile lo que hemos hablado. Está en su cabeza, ¿no es eso? Si quiere dejar de beber, lo único que tiene que hacer es decírselo a sí mismo. Todo está en su cabeza. Todo está en la cabeza. Más

“La tarta” … Raymond Carver

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Relato Breve escrito por Raymond Carver

Texto base en “Principiantes” – traducción de Jesús Zulaika

Coche Cadillac

….

Estaba su coche, y ninguno más, y Burt dio gracias por ello. Entró por el camino de acceso y se detuvo junto a la tarta que se le había caído la noche anterior. Seguía allí: el recipiente de aluminio volcado, el relleno de calabaza desparramado por el pavimento. Era viernes, casi mediodía, el día siguiente a Navidad.

El día de Navidad había ido a visitar a su mujer y a sus hijos. Pero Vera le había dicho de antemano que tenía que marcharse antes de las seis de la tarde, porque su amigo iría con sus hijos a cenar con ella y los suyos. Se habían sentado en la sala y habían abierto con solemnidad los regalos que él les había llevado. Las luces del árbol de Navidad parpadeaban en sus ramas. Había otros paquetes envueltos en papel brillante y atados con cintas y lazos al pie del árbol, a la espera de que fueran las seis. Burt miró cómo sus hijos Terri y Jack, abrían sus regalos. Y esperó mientras los dedos de Vera deshacían cuidadosamente el lazo y despegaban el papel celo del suyo. Una vez abierto el envoltorio, Vera abrió la caja y sacó el suéter de cachemir beige. Más

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Mi manera de mirar las cosas que (me) pasan.

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