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“Berlín o el comedor Tiroles” … Matilde Tricarico

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.Berlin o el restaurante tiroles - win wendersLas grandes películas comienzan cuando salimos del cine”  (Win Wenders)

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Al salir  del aeropuerto, el viento helado me acuchilla la cara. Me subo el cuello de la chaqueta de plumas, me ajusto el gorro hasta aplastar el pelo  y me sumo a la larga cola del taxi.

Mañana empieza el festival. La Berlinale.

El hotel de cuatro estrellas que perdieron el brillo hace tiempo me recibe sombrío. El recepcionista con cara de dóberman casi me escupe a la cara al decir “Guten Nacht”. El cuarto es anodino, una mesa con un televisor pantalla mini, una silla, una papelera y una ventana que recibe una luz vacilante de un patio oscuro. Una semana aquí, sin salir, y te suicidas.

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“La fotografía”… Mary Carmen Caballero

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Viento azul en su camisa blanca, su sonrisa estancada en la eternidad inmóvil de los que no están. Observo más de cerca su rostro, no hay ninguna modificación en sus rasgos, ni los producidos por el tiempo ni, tampoco, restos de los que se moldean con las erosiones de los sentimientos. Simplemente permanece igual, con la mirada perdida en los recuerdos que no llegaron y en las caricias que no me dio. Más

“La caricia olvidada”… Mary Carmen Caballero

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enamoradosSe acerca lento con la seguridad cierta del que llega a la meta. Bordea táctico el espacio que la aisla formando un cerco protector de la gente anónima que la rodea. Ella sonríe y habla ajena al hombre que la sueña, esparce palabras de las que a él solo le llegan sílabas entrecortadas. Él la observa de más cerca y percibe el halo mágico de su presencia. Más

“La estación perdida” …Merche Postigo

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La chica de la chaqueta azul no dejaba de observarlo. A él le resultaba embarazoso sentirse observado. Se alejó del andén esperando perder la mirada de la joven, pero al cruzar los tornos metálicos la noche le sorprendió y comenzó a recordar. Era ella, la joven de la chaqueta azul, era ella, la mujer con la que había pasado los últimos cuarenta años y que ahora se difuminaba en su cabeza y desaparecía de su memoria con la velocidad del tren.

.La estación Perdida

“Carretera a ninguna parte” … Merche Postigo

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El autobús sin luces ascendía por la carretera de la playa. Una carretera sinuosa y oscura los conducía a su destino. Era ya noche, el reflejo de la luna en el mar les permitía distinguir sus gestos. Ella lo miró con recelo un instante, él le devolvió la mirada con desafío. Se odiaban. Ella por haberse dejado enredar en sus mentiras, el por no haber sabido amarla. Salieron del autobús por puertas separadas, ya sin mirarse y la oscuridad de la noche los engulló.

.carretera a ninguna parte

“Fiesta de cumpleaños”… Mary Carmen Caballero

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chica-chicLa tarde de la fiesta de su vigésimo cumpleaños Mimi ocultaba sus ojos azul mar infinito tras unas gafas enormes de Gucci. En cambio, lucía sin ningún recato sus preciosas piernas embutida en una minifalda de Chanel y, con una camisa transparente de Lacoste, dejaba imaginar, sugerente y atrevida, el resto de su figura. Más

“Donoso IV” …Pepe Marquina

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“MEDIO PAN Y UN LIBRO”

Siguiendo con la famosa conferencia de Julio “Una infancia sin libros”, extraigo este jugosísimo fragmento.

Se quejaba Julio Collado de la escasez de libros en épocas pasadas, pero reconoce que se debía a la pobreza generalizada de todos los españoles.

Fragmento:

García Lorca en 1931 -dice Julio-, cuando inauguró la biblioteca de Fuente Vaqueros, su pueblo natal, tituló su alocución “Medio pan y un libro”.

Junta dos expresiones que conforman el adagio latino: “Primun vivere, deinde philosophari” (primero vivir; después, filosofar). Y la frase evangélica: “No sólo de pan vive el hombre”. Cervantes ¡qué humor! monta un dialogo entre el caballo del Cid, Babieca; y Rocinante, el del Quijote.

-Babieca: “Metafísico estáis”

-Rocinante: “Es que no como”.

Lorca expresa con genialidad la necesidad de comer, pero más aún la de leer:

“Yo, si estuviera desvalido en la calle, no pediría un pan, sino medio pan y un libro… Tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas; pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios sufre una terrible agonía, porque son libros lo que necesita, y ¿dónde están esos libros?.

Los pueblos debían pedir libros, como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras”.

.medio pan y un libro

Suelto escrito por Pepe Marquina

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