Inicio

“Bóreas” … Merche Postigo

8 comentarios


.Bóreas - viento del norte

Hoy 23 de diciembre de 1990, y mientras el vuelo de Iberia IB5018 rueda por la pista en dirección a la zona de despegue, Nora añora la navidad. Las últimas indicaciones del asistente de vuelo, un elegante y sonriente joven, que no ha dejado de mirarla hasta que la señal del cinturón de seguridad se ha apagado, apenas si la han distraído de sus pensamientos. La mañana ha amanecido con lluvia y viento, lo que está haciendo de la maniobra de despegue una tarea difícil y turbulenta. Las manos de Nora se aferran al reposa-brazos del asiento como si de un salvavidas se tratase. Tiene pánico a los despegues y cuando las ruedas del avión abandonan el dulce tacto de la pista, se aferra con fuerza y cierra los ojos. La voz amable del sobrecargo la obliga a despertar de su mal sueño. ”¿Todo bien señora?” “¿Desea tomar algo? Quizás una copita de vino para calmar el miedo”. Apenas si puede asentir con la cabeza y a cambio le ofrece una leve sonrisa. Sus ojos aún tienen reflejos del llanto que desde anoche apenas puede contener. El sobrecargo ha decidido ignorar las lágrimas de Nora y tan pronto el avión se estabiliza le sirve un botellín de vino blanco de Rueda con unas almendras. A través de la ventanilla Nora ve como se alejan las terrazas de Roma. Después el avión toma altura y el mar inunda todo de azul. Nora da un sorbo a la primera copa de vino. El miedo y un inmenso sentimiento de culpa favorecen que los recuerdos comiencen a saturar su cabeza con historias de otros tiempos que ahora ve alejarse. Más

“Números primos”… Mary Carmen Caballero

8 comentarios


Siempre he sido algo despistada, olvido las caras y los nombres, no sé mirar en los mapas y siempre me pierdo en mi propia ciudad. En cambio, jamás olvido una fecha, ni una matrícula, ni un número de teléfono. Los números ponen orden en mi mente y en el caos de mi vida.

Quizás, por esto, soy profesora de matemáticas, por mi facilidad con los números. También porque ellos abren un universo de posibilidades. Pero, sobre todo, porque me definen a mí misma. Hay números enteros y quebrados, positivos y negativos, finitos e infinitos e, incluso, primos. Y, todo esto, sin entrar en demasiadas especificaciones, como en casi todo.

En realidad, mi vida y mis relaciones bien se pueden relatar a través de los números. Con diecisiete me topé con él en el pasillo del instituto. Tenía la mirada azul de los océanos y el día que me sonrió entendí en mis propias carnes la teoría copernicana. Yo ya no sería más el centro de mí misma, mi vida giraría desde ese instante en un estado de anonadamiento permanente e inmutable alrededor de él. Un día, bajo la escalera que llevaba a los laboratorios, mientras yo le intentaba explicar las complejidades de un logaritmo, él aprovechó la proximidad provocada al estar unidos por un mismo cuaderno para darme un beso, cálido y tierno, con el que comprobé que los números nada tienen de fríos y, mucho menos, de asépticos. Más

“Testamento”… Mary Carmen Caballero

Deja un comentario


 

Llegó despacio y se mantuvo ausente todo el tiempo que duró la lectura del testamento. En realidad, no sabía muy bien qué hacía allí entre todos aquellos que decían que la conocían o que guardaban algún tipo de vínculo o de parentesco con ella. Todos los presentes se giraron y lo miraron desconfiados cuando entró en la sala del notario. Las miradas desconcertadas que se intercambiaban unos a otros eran una evidencia clara de que nadie sabía de su existencia y se preguntaban quién sería aquel tipo escuálido y desgarbado que no encontraba acomodo en la silla que la eficiente secretaría le acercó. Él se sentó detrás, junto a la ventana en el rincón más cercano a la puerta. Más

“Plumas en el estanque” …Merche Postigo”

Deja un comentario


.duck ' pato

El invierno estaba siendo mucho más frio este año en el norte de Europa que nunca antes y las plumas de pato en el estanque del Retiro no auspiciaban nada bueno, pero ya había tomado la decisión de marcharse. Más

“Villancicos” …Pepe Marquina

Deja un comentario


.

Hay a quién no le gusta la Navidad. Por lo general a esas personas no les gustan los villancicos ni nada que se lo recuerde.

Si una de estas personas tiene la mala suerte de trabajar, por ejemplo, en una tienda donde están sonando estas canciones desde la apertura al cierre, esas personas pueden acabar en el psiquiátrico.

Es como si a un dependiente de una tienda de deportes, que sea simpatizante del Real Madrid,  le pusieran en el monitor los cientos de goles de Messi y cada gol lo repitieran siete veces desde la mañana a la noche.

Sería como para odiar las Navidades y al argentino.

.villancicos de navidad

Suelto escrito por Pepe Marquina

Older Entries

Con un ojo abierto

Mi manera de mirar las cosas que (me) pasan.

Multiversal

un blog de Pablo Giordano

Memorias de una princesa

Una vida con un propósito que cumplir...

Cristian Castro Rodríguez

Siembra lo que deseas recoger

A %d blogueros les gusta esto: