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“Game Over” II …Alejandro Nanclares

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Viene de GAME OVER I

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old-deflated-soccer-ball-40382623 Imaginé que debía llevar un presente, pero no sabía muy bien que clase de regalo se le podía hacer a un niño tan pequeño. No me gustan los peluches ni esa serie de trastos inservibles que se regalan comúnmente a los bebés. Sabía que Herman había sido siempre muy aficionado al fútbol. Incluso recordaba haber jugado con él algún partido de domingo por la mañana. Esa precisamente era la idea: le compraría el mejor balón de reglamento y, así, su padre, se encargaría de enseñarle a chutar en cuanto pudiera mantenerse en pie. . Más

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“Interpretaciones”…Pepe Marquina

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Suelto escrito por Pepe Marquina

ESCENA:

Era una tarde muy fría de noviembre, pongamos que de los años 50. Salía por la puerta del mejor hotel de Nueva York una familia blanca en espera de montar en el taxi que el portero negro había solicitado para ellos unos minutos antes. A la hija de 6 años se le escapó el sombrero volado por el aire; la niña salió disparada hasta la carretera cuando estaba a punto de cruzar un autobús. El portero negro, con muchos reflejos, se lanzó a la calle, cogió a la niña y la devolvió a la acera.

– La esposa del portero se puso muy furiosa diciéndole que había arriesgado la vida por una niña alocada, siendo que él tenía esposa e hijos que le necesitaban.

– Su hermano le reprobó la acción por ser una niña blanca, ya que “si tienes que salvar a alguien, que sea de los nuestros”.

– El director del hotel dijo que fue un acto altruista y esa Navidad le recompensó con una sabrosa gratificación.

– Un sacerdote oyó la historia y la calificó de heroica en el sermón dominical.

Fin…

“Ascensor con espejo” …Merche Postigo

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Relato breve escrito por Merche Postigo

Frente al espejo- Botero

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Jenny era la chica con el culo más grande del barrio y las piernas más cortas, pero apenas se atrevía a mirar de frente al espejo de su ascensor. Todos menos ella, disfrutaban mirándose. Los vecinos subían y bajaban a sus casas acicalándose, observando sonrientes sus reflejos. Solo Jenny no fijaba la mirada en el espejo del ascensor. Tenía miedo a encontrarse, no quería ver su reflejo, le gustaba imaginarse. Entraba de espaldas al espejo, cerraba los ojos y se veía guapa.  Hoy Jenny tiene algo para fanfarronear con sus amigas, con sus dos únicas y presuntuosas amigas. Ellas, las chicas de existo, la esperaban. Llegó al bar con la respiración entrecortada por la pesada marcha de sus cortas piernas y con el ansia contenida. La puerta se deslizó suave y dejo a la vista el local. Allí estaban ellas, sus amigas, acomodadas en una mesa, la mesa más visible del bar. Claro que la vieron entrar, pero no la miraron. La saludaron con un inapreciable alzamiento de cejas y ella se dio por satisfecha. Continuaron la charla y Jenny se acercó a la mesa. Inclinó su cuerpecito para besarlas y como no, para recibir sus besos. Las chicas no se movieron. Jenny se sobrepuso al momento y retrocedió. Sonrojada por la bienvenida, encajó su culo en la silla, acercó el pecho a la mesa, apoyó los codos encima y esperó su turno con ansia. Raquel, la más carismática, sonrió a su amiga y continúo conversando con Luisa, la conformista, la que escuchaba absorta a Raquel ajena a la llegada de Jenny. La conversación de las chicas no parecía tener fin ni espacio para Jenny. Impaciente decidió tomar la iniciativa sin calcular consecuencias:

  •  ¿Sabéis lo que me ha pasado?.

Ninguna de las dos chicas, hizo señal alguna de haber escuchado la pregunta. Continuaron con su conversación. Luisa no iba a permitir que nada ni nadie desviaran su atención de Raquel y sin sutilezas lanzó una velada mirada de reproche a Jenny.

  • “!Tengo novio!” – Gritó Jenny

Raquel giró la cabeza asombrada. Clavó una mirada ácida en su amiga y con rabia contestó.

  • ¡Pues qué bien! -Y ¿Dónde está?
  • Si, ¿Dónde está? y ¿Por qué estás aquí tú sola con nosotras? ¿Dónde está él? – Replicó Luisa con apreciable envidia

Mujer llorando - Fernando Botero Jenny era valiente, pero no había preparado respuestas para esas preguntas. Avergonzada y sin palabras guardó silencio, apuró el poco aire fresco que quedaba en él bar y sorbió su café con la mirada clavada en el suelo. Dejó que las amigas continuaran con su charla entre risas. Permitió que el café le quemarse los labios. Entonces despegó su gran culo de la silla, y en silencio comenzó la retirada. Las amigas riendo divertidas se levantaron y la dejaron marchar, ahora sí, con dos amargos besos. Para cuando Jenny alcanzó las puertas del bar, una agría ola de tristezas le había comenzado a subir por el estómago. Corrió esquivando transeúntes y guardó las lágrimas para más tarde. Con el ánimo revuelto y la mirada sucia subió al autobús que la recibió con indiferencia. Al llegar al portal de su casa se sintió segura. Dejó que el ascensor la consolara. Apoyó la cabeza en la pared y sintió que el frío le acariciaba la nuca. Entonces y solo entonces abrió los ojos y miró de frente al espejo. Entre sollozos sonrió a su reflejo. Las lágrimas apenas si le permitían ver el rostro del hombre que la besaba con deseo mientras le abarcaba apasionado su enorme culo Fin…  

“Contagios” I X …Texto colectivo a 18 manos

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Noveno Relato de la serie “Contagios” Escrito por Victor García Antón

Juan Genoves

Y ENTONCES NOS DIMOS CUENTA DE QUE FALTABA UNO. Al instante paramos la marcha como si fuéramos un único hombre. Nos contamos otra vez, desde el primero hasta el último, y seguía faltando uno. Cada cual miró el cogote del de delante y los puños del de detrás agarrados a la soga. Intentábamos descubrir quién fue el que abandonó la fila, pero no hubo manera de aclarar nada.  Así que continuamos la marcha, bien agarrados a la soga y pendientes del hombro del compañero.

En la tienda de las postales perdimos al segundo miembro. No supimos por qué, quizá para presentarse a unas oposiciones a notarías, cosas de familia.

  • ¡Os dije que no entráramos en la tienda de las postales! -Chilló el que cerraba la fila, que tenía muy mal despertar.

Pero al cruzar el parque de bomberos fueron otros dos los que desertaron. Del primero sólo supimos que llegó a ser concejal con los republicanos y el segundo, casi mejor que se fuera, porque no hacía otra cosa que ralentizar el grupo con sus visitas al baño.

A lo lejos aún parecíamos un grupo compacto, aunque debíamos separarnos más los unos de los otros para mantener la soga tensa y que la fila fuera recta.

Apenas nos quedaban fuerzas cuando llegamos a la estación. El que estaba detrás de mí se derrumbó como un rascacielos y comenzó a gritar que le gustaría tener un par de nietos. Solté la soga para sentarme a su lado y le asistí la frente. Pobrecillo. Aún pude ver al más joven, allí a lo lejos, echarse la soga al hombro y seguir adelante él solo. De nada le valió tanta determinación. COGIÓ LA TUBERCULOSIS ESPERANDO EL AUTOBÚS.

Richard Ster

 

Fin…

“Contagios” I … Texto colectivo a 18 manos

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Primer Relato de la serie “Contagios” Escrito por Victoria Alonso

parada de autobus

COGIÓ LA TUBERCULOSIS ESPERANDO EL AUTOBÚS.

Cuando le diagnosticaron la enfermedad no tuvo dudas. De repente comenzó a odiar vehementemente al chico de ojos vidriosos que le había tosido encima sin protección cuando se le acercó al entrar al autobús.

Estaba exasperada, iracunda la gente no tenía respeto por los demás. No se puede andar con un virus de este tipo cogiendo autobuses como si nada.

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