Micro Relato escrito por : Pepe Marquina

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Todos los días voy a la misma cafetería. Me siento en la misma mesa y leo el periódico.

Al lado de la mesa, en la barra, ha llegado un señor. Como otros días.

Pide un café con leche y vierte el azúcar. Comienza a dar vueltas con la cucharilla. Gira y gira la cucharilla en un constante movimiento. Estoy hasta el tímpano de ese impertinente sonido. Hoy me ha dado tiempo a leer todos los deportes y seguían las vueltas y vueltas en la tacita. Ayer leí toda la sección de internacional y el día anterior acabé con las páginas de economía.

Me he acercado al señor para decirle que estoy hasta los tímpanos de tan desagradable ruido. Pero en ese momento ha terciado el camarero y le ha dicho: “Cuando el soluto es escaso y minimizado, y el disolvente está en su punto álgido, el efecto de la disolución es inmediato”. Pero la explicación del físico, que vende cafés, no ha surtido sus efectos.

Yo le he aportado más argumentos: “En estos días en los que la calor aprieta, tantas vueltas, además de marear el café y quitar brillo a la taza, la aceleración de las partículas por el movimiento centrípeto de las moléculas de la disolución hace que a través de la entropía, el café aumente de forma indeseable un par de grados”.
El señor continuó moviendo, cual robot mal programado, el infinito proceso de la inercia invencible. Aburrido, salí de la cafetería sin leer el periódico. A continuación me siguió el señor, cucharilla en mano, sin haber tomado el café…

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