No hubo tiempo para decir adiós. Por una parte es mejor así, yo tan solo cerré la puerta y lo dejé allí absorto en sus pensamientos y en mi despedida.

Hoy hace frío y la montaña cubierta de nieve es una invitación para quedarse en casa con una taza de café caliente y poner una banda sonora que acompañe la lectura de un buen libro. Debería haber sido así siempre, mañanas tranquilas de las que no se anotan en los recuerdos porque aparentemente no aportan nada, tan solo son una hoja más del calendario o de la agenda. La pequeña cabaña en la que vivo está lejos de todo, situada en una altiplanicie donde el valle rompe sus límites y se inician las lomas cada vez más escarpadas que concluyen en los vértices nevados de una cordillera infinita y blanca. La soledad es absoluta, el silencio también. Más