Inicio

“Un dicho popular” …José L. Recio

Deja un comentario


indecisión

Hace muchos años, cuando yo era niño, algunas veces oía a mi madre decir una expresión que yo no entendía: Entre Pinto y Valdemoro.

  • ¿Qué quiere decir eso? –le pregunté un día.
  • Pinto y Valdemoro eran dos pueblitos de la provincia de Madrid que estaban  separados por un arroyuelo –me dijo. — La leyenda cuenta que un día un borracho caminando a lo largo de los bordes del arroyuelo con paso indeciso iba diciendo: ´Ahora estoy en Pinto, y ahora en Valdemoro´, según cruzaba el cauce de un lado al otro hasta que se cayó en el agua. Entonces exclamó: ´Ahora estoy entre Pinto y Valdemoro´.

Aún de niño, una vez que yo supe el significado de la expresión, pensé que tenía sentido el modo como mi madre la utilizaba para referirse a ciertas situaciones de incertidumbre. Pero al pasar del tiempo, cuando crecí y terminé mis estudios y me independicé, no volví a oír el dicho o a usarlo yo mismo y me olvidé de la expresión.

Sin embargo, hace algunos veranos, Deborah, mi mujer, y yo viajamos a España desde California, donde vivimos, para visitar a mi madre, viuda desde mucho antes, que entonces había cumplido 91 años. En aquella ocasión, ella nos invitó a comer en su casa, en compañía de una sobrina suya, ya metida en años, y una amiga de siempre, dos años más joven que mi madre. Comimos pollo asado, patatas fritas, ensalada, fruta, pasteles, y tomamos café.

Deborah y yo disfrutábamos de ese tipo de reuniones familiares alrededor de la mesa, siempre que visitábamos a mi madre, porque estaban llenas de contraste y entretenimiento. Las cinco personas que nos reunimos en aquella ocasión constituíamos un grupo bilingüe, bicultural y perteneciente a tres generaciones. Cuando en el curso de la conversación tropezábamos con alguna expresión idiomática, como, por ejemplo, incluida en algún chiste, yo hacía de intérprete, del español al inglés o viceversa, para que todo el mundo se enterara.

  • Pienso jubilarme el año que viene, y Deborah y yo planeamos venir a vivir a  España –dije yo aquel día en la sobremesa.

              Tanto mi madre como su sobrina y su amiga aguzaron el oído ante la expectativa de que pronto iban a tenernos cerca, pues nos querían mucho.

  • Pero todavía no estamos seguro de ello –Deborah apuntaló.
  • Así que vuestro plan está entre Pinto y Valdemoro –dijo mi madre.
  • ¿Qué ha dicho? –preguntó Deborah, quien no había oído esa expresión antes,  volviéndose hacia mí para que se lo tradujera.
  • Lo que mi madre quiere decir es que estamos indecisos –dije.
  • ¿Cómo es eso? –Deborah preguntó.
  • ¿Qué dice Deborah? –mi madre quería también saber.
  • Ella no entiende el significado de tu expresión –dije.

Entonces mi madre contó la historia otra vez. Deborah la entendió, pero dijo que en su  parecer, el mensaje no quería decir indecisión.

¿Pues cuál es tu interpretación? –le pregunté.

El caminante en esa historia estaba borracho, no indeciso, y perdió el equilibrio –contestó.

¿Qué está diciendo Deborah? –preguntó mi madre.

Ella dice que tu historia de Pinto y Valdemoro no indica indecisión –contesté.

Pues eso es lo que toda la vida se ha querido decir por medio de ese dicho y nadie lo ha puesto en duda. ¿Por qué ella piensa que no es así?

              Yo dije que en la opinión de mi mujer, el hombre caminaba borracho y perdió el equilibrio debido al efecto del alcohol y no a que estuviera indeciso.

indecisión
  • Pero eso es como dar lo blanco por negro. El dicho significa lo que significa,  indecisión, no falta de equilibrio –mi madre replicó.
  • ¡Ah! –Deborah exclamó después que yo le interpreté las palabras de mi madre.
  • Yo creo que hay veces en que las cosas no son lo que parecen.
  • ¿De verdad? Como por ejemplo qué –mi madre le retó.
  • Bueno, pues justamente hace unos días, antes de venir esta vez a España, yo visité  un museo en California que tiene un pequeño parque. Como de costumbre allí, el día estaba soleado. Me detuve por un momento enfrente de un jardín para contemplar los narcisos, algunos eran blancos y otros amarillos, y otras flores de diferentes colores y tamaños. A primera vista el jardín parecía estar lleno de flores, hasta que me di cuenta de que no todo eran flores. No me pude contener y dije en voz alta: ”En este día tan brillante, ¿quién podría confundiros, inmóviles caballitos del diablo, por las lindas flores?”.

Cuando yo traduje, palabra por palabra, lo que Deborah acababa de decir, todo el mundo lo entendió y se acabó la discusión.

…..

Relato Breve escrito por José L. Recio

Anuncios

“Elogio inconsistente de la duda” …Alejandro Nanclares

Deja un comentario


Relato breve escrito por : Alejandro Nanclares

____________________________________________________________________________________________

Camina y es la noche. Se para frente al agua; cruza.

Camina y, sobre él, discurre inagotable el tiempo sin mesura de la noche. Sigue.

Continúa, atraviesa, sigue.

Atraviesa como un pez de estanque toda esa negrura fluida, el cartílago licuado de esta noche desleída en un vaso de oscuridad. Se deja penetrar por su profundidad linfática, disuelta como tinta a lo largo de la calle interminable. Recorre con premura sus viales, sus aceras acuosas y vehementes persiguiendo a las sombras que siguen a su sombra; no alcanza su cintura. Su cabeza no consigue alcanzar su medio, tapar con el sombrero su corazón.

No es verdad, nada regresa. No resta sino perforar la perspectiva de la calle con la oblicuidad obstinada del cuerpo, que se arroja como un demente hacia el punto de fuga.

No lo imaginaba así.

Todo, todo se pierde, pero apenas encuentra resistencia en la enamorada tiniebla que se le abre impúdica de tan fácil. Tan repudiada que se entrega de corazón al primero que pasa. Igual que los extraviados, las putas o los suicidas.

Igual que él mismo.

Llega al río. A la orilla del río. A la orilla señal, frontera, límite, hito, confín, raya del río.

Se para frente al agua. Un minuto; sólo un minuto. Continúa, cruza.

Ahora entra, lo atraviesa andando, se sumerge.

La noche duplica la sima del cauce. Dos veces su esputo de tinieblas. Sigue, continúa, pero el légamo entorpece sus zapatos. Le detiene; ahora le paraliza. Manotea, lucha, forcejea… gime. Prisionero de las algas del fondo, es un esfuerzo inútil. Mira impotente hacia arriba, hacia el cielo subvertido de la superficie ¡Grita, grita! Toda el ansia se libera de golpe, entre burbujas.

Cierra los ojos. Piensa en el punto del sol, calcinado y magnífico. Esplendor que enceguece. De pronto, sin razón aparente, la corriente se enfría y en él se encoleriza. Vira a un talante desconocido, más oscuro que el gris. Se entrega y abre, al fin, laxas las manos.

Sigue caminando; ya no entorpece el cieno. Las algas se han rendido y oscilan cual herbazal. Atraviesa el cauce y alcanza el otro lado. Sin esfuerzo, se deja llevar y asciende. Sube, flota, emerge renacido y empapado. Sacude maquinal un momento la ropa y se serena.

Ahora observa todo con atención. Se demora en la pausa. Contempla el nuevo mundo, el nuevo cielo: únicamente es capaz de reconocer la geometría imperfecta de Las Osas.

Luego, toma coraje y se atreve a mirar la otra orilla.

Allí continúa, dudando.

_______________________________________________________________________

Con un ojo abierto

Mi manera de mirar las cosas que (me) pasan.

Multiversal

un blog de Pablo Giordano

Memorias de una princesa

Una vida con un propósito que cumplir...

Cristian Castro Rodríguez

Siembra lo que deseas recoger

A %d blogueros les gusta esto: