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“Te prometo que no volverá a suceder” … Alejandro Nanclares

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.te prometo que no volvera a suceder

Parte II ….–>  Esa misma tarde, mientras paseaba por aquí y por allá, en un momento dado cayó en la cuenta. Al fin comprendió el origen de tan peculiar comportamiento. Aquella mujer había encontrado en la inmovilidad su estrategia. No recordaba dónde, pero  Mon había leído que algunos animales, como las gacelas de Thompson o los corzos, al sentirse amenazados se paralizan. Que son capaces de adoptar la inmovilidad  más absoluta para pasar desapercibidos. Que el miedo les hace incluso detener la propia respiración durante unos pocos minutos. Y precisamente eso era lo que él había visto: la inercia de una cautela muy parecida al miedo. En el caso de Crista, la conciencia de su propia fragilidad le había llevado a elegir idéntica defensa del mimetismo. Más

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“Te prometo que no volverá a suceder” …Alejandro Nanclares

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Parte 2

.te prometo que nunca volverá a suceder

 Parte 1 ….. Ordenó lo poco que llevaba en la mochila sobre los estantes del armario y luego se tumbó en la cama. Quería calcular las consecuencias de su decisión y cómo empezaba a planteársele la nueva circunstancia. Intentaba imaginar qué podría decir ella, cuál sería la opinión de su esposa de saber qué era de él en ese momento. Sopesar, también, si por una vez había actuado tino y con sensatez, pero poco rato después se quedó dormido. Despertó un par de horas más tarde, cuando la luz de la tarde había comenzado a decrecer. Tomó una ducha rápida, se afeitó, se cambió de camisa y, tras cerciorarse que la ventana francesa quedaba cerrada, dio media vuelta al edificio con dirección a la puerta principal. En la barra, entre ambos cumplimentaron su ficha delante de una cerveza fría y, una vez acabada, Teo le hizo pasar al comedor del establecimiento, al que se accedía desde la misma sala del bar Más

“Te prometo que no volverá a suceder” ….. Alejandro Nanclares

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Parte 1

.1

Llamo varias veces a su mujer a lo largo de la semana, pero ella no le cogió el teléfono. No quería volver a verle, eso estaba bien claro. Ni tan siquiera quería volver a escuchar su voz. Aunque lo cierto era que Mon, a esas alturas, solamente deseaba pedirle que le perdonara.  Pedirle que le perdonara de nuevo. Nada más que eso, perdón por última vez. Aunque sabía de sobra que ya nada podría volver a ser igual. No tal y como había sido antes. Más

“Entre dos hombres” …Merche Postigo

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Miró a su marido de soslayo. Luego giró la cabeza hacia donde se encontraba su amante. Sin pensarlo dos segundos les preguntó, ¿Qué día dejé de reconoceros?.

.Entre dos hombre

“El arcoíris”… Pepe Marquina

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Hay personas que terminada la digestión expulsan aires como resultado  de la inevitable fermentación que se produce en su interior.  Alimentos y bacterias consiguen olores inigualables.

Pero no a todo el mundo le gustan los olores ajenos. Incluso hay quién trata de evitarlos. Es más, otros los consideran de mala educación.

La solución: te tomas una “pastilla de olor” y cuando expulsas algún aire, parece una brisa de la sierra.

Cuando estás en un grupo y percibes una oleada con olor a fresa caes en la cuenta de que alguien se ha desahogado con  discreción. Nunca sabes el origen ni la procedencia de tales aires. Si la oleada siguiente es de olor a chocolate, empiezas a mirar a los lados con descaro y el mosqueo comienza a ser preocupante.  Si nuevamente eres atacado, ahora por olor a limón,  brotan nuevos sospechosos y la reunión se ha convertido en un arcoíris de olores.

.Pedo de colores

Suelto escrito por Pepe Marquina

P.D.

Pido disculpas a los lectores elegantes,  que no les haya olido muy bien este suelto.

“Toreros” … Pepe Marquina

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Suelto escrito por Pepe Marquina

Fue en los servicios de un buen restaurante.

Es cierto que en algunos casos hay dificultad para saber cuál es el servicio de caballeros y señoras por los dibujos o figuras con los que nos tratan de orientar.

Me encanta ver las caras de las señoras que están esperando cuando me ven salir del servicio que debería ser para ellas.

El otro día había tres. Tres mujeres estaban esperando a que saliera yo de “su” servicio. Estaban las tres en jarras. Enfadadas por la espera. Cuando me vieron aparecer comenzaron a abrir la boca, pero no de admiración por mi presencia, no, sino para decirme algunas cosas de las que pensaban.

Yo les expliqué que la separación de sexos es algo antiguo. Se ha quedado obsoleto. La globalización ha acabado con ello. “Ahora -les decía- rigen otros parámetros. Son los símbolos. Toreros y folklóricas. Cada cual entra en el servicio de aquel símbolo que le resulta más simpático. A mí no me gustan los taurinos, por tanto no entro en ese baño, a pesar de que sea en apariencia masculino. Sin embargo me gustan las folklóricas y entonces entro en el servicio en el que aparece dicha ilustración”.

No se creyeron mi nueva teoría. Me llamaron cara dura y me dijeron que entraba allí porque el de las mujeres siempre está limpio. Me limité a lavarme las manos mientras ellas entraban las tres a la vez.

Fin…

Con un ojo abierto

Mi manera de mirar las cosas que (me) pasan.

Multiversal

un blog de Pablo Giordano

Memorias de una princesa

Una vida con un propósito que cumplir...

Cristian Castro Rodríguez

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