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“Verano en Paris” … Merche Postigo

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.verano en paris - narrador

Soy un narrador de cuentos. Solo soy la voz del autor disfrazada de palabras. Se me conoce por lo que digo, nunca me describen.

Ser el narrador de un cuento tiene más ventajas que inconvenientes. Soy invisible al lector y esta peculiaridad me permite irrumpir en las vidas de mis protagonistas, penetrar en sus habitaciones más secretas, encontrarlos en las noches de luna nueva, cuando se esconden en los hoteles. Verlos en los descampados oscuros a través de los cristales empañados del amor, y escuchar sus jadeosas respiraciones. Pero como narrador, lo que más me gusta es enredarme en los pensamientos de mis protagonistas. Más

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“Inspiración”… Mary Carmen

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writing

Todas las tardes Tomás va hasta el contenedor amarillo de basura con su papelera cilíndrica repleta de papeles arrugados.

Qué, Tomás, ¿tampoco hoy te visitó? –le preguntó Xuso desde el cercano bar de la esquina.

Pues no. Es que la inspiración es caprichosa y no se deja ver fácilmente.

Pero, hombre, tú lo que tienes que hacer es seducirla…

¿Sí? Pues ya me dirás cómo –le dijo Tomás.

Muy sencillo, con paciencia, rapaz, con paciencia y unas gotas de albariño.

Xuso conoce a Tomás desde la infancia. Todas las mañanas Tomás bajaba al bar con su padre a comprar churros y, mientras Xuso se los ponía y el padre se bebía un carajillo, el niño se sentaba en una mesa y se quedaba absorto mirando las musarañas, luego preguntaba:

Oye, Xuso, ¿tú sabes lo que hay que hacer para ser escritor?

¡Ay, hijo! Para eso… para eso, lo que tienes que tener es inspiración.

Ahora que Tomás ya es todo un hombre, es él quien baja y sube los churros a casa, su padre ya no va al bar, tampoco bebe carajillos. Tomás mientras espera a que Xuso le sirva los churros, se sienta con un café en la misma mesa y lee un libro.

Pero… ¿qué haces con tanta lectura?

Xuso, no lo entiendes o qué. Yo quiero ser escritor.

Ay, ay, Tomás, para eso, ya sabes, se necesita inspiración.

La escena se repite a diario. Pero, estas últimas semanas Xuso anda preocupado, no ha visto a Tomás ir hasta el contenedor amarillo con su papelera cilíndrica repleta de papeles arrugados y, ni tan siquiera, ha bajado a comprar los churros. Por eso, sin pensarlo más, ha decidido ir a su casa.

Oye, Juan, qué pasa con tu hijo. No estará enfermo o algo, que hace ya días que no se deja ver.

-No, Xuso, qué va. Es que anda enamorado. Tiene una medio novia.

¡No me digas! Nuestro rapaz enamorado… Vaya, vaya, y ¿quién es la moza?

-Pues no sé bien. Apenas la he visto un par de veces, callada, delgaducha… No sé, como les gustan ahora a los jóvenes.

Xuso sonríe y vuelve a su bar. Al poco rato desde allí los ve. Tomás lleva de la mano agarrada a una chica risueña y estilizada. En la otra mano su papelera cilíndrica vacía.

Xuso –grita Tomás- ¡la encontré! Al final la encontré. Es ella… ahora sí puedo escribir.

Me alegro rapaz. Así que has sido espabilado y la has visto ¿eh?

Xuso los ve perderse al dar la vuelta a la esquina de la calle y piensa que, quizá él, alguna vez, se tropiece con una moza como aquella, pizpireta y alegre, eso sí, con más años y más kilos, y que, desde luego, a él tampoco le importaría llamarla, entre jadeos y susurros… ¡inspiración!!

inspiración escritor

Relato breve escrito por Mary Carmen

“Viento del Oeste” ………Merche Postigo

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Viento del Oeste

Me dijo que vendría hoy. No ha venido muy a menudo, de hecho solo ha venido una vez. Pero hoy me pillará escribiendo. Tengo el escritorio limpio, sin papeles viejos, con el ordenador encendido, listo para escupir palabras. Nada más llegar me pondré a escribir. Esta noche voy a escribir el cuento que me hará famoso. Escribo de noche. El sol tiene la capacidad de engañar. La noche no engaña. De noche todo es blanco o negro, o mejor aún, gris o negro, sin excentricidades, como a mí me gusta. Lo tengo todo preparado. Hoy el viento es del oeste, limpio y fresco. He blanqueado el escritorio. He tirado a la papelera los folios negros, llenos de cuentos viejos. En la impresora, hoy solo hay papel nuevo, blanco, como un vestido de niña, limpio, sin usar.

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