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“Morir de libros” … Pepe Marquina

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Suelto escrito por Pepe Marquina

Morir de libros“Aquella mañana, aún envuelto en la tibia placenta del sueño, descubrí que en mi zapato izquierdo estaba creciendo un libro. Tenía el tamaño de una caja de cerillas y se había anclado a la suela con el empeño de un molusco. Intenté extraerlo sin éxito. La voz de Laura emergió del sopor para preguntarme qué pasaba. Una oleada de vergüenza caldeó las arterias de mi rostro. Sin duda me culparía de aquella situación. Entre evasivas absurdas huí del dormitorio.

En aquel entonces ignoraba que los libros pudieran crecer por generación espontánea. Coloqué el zapato sobre la encimera de la cocina, donde desprendí el objeto con la punta del cuchillo. Cuidando de no dañar el interior, rompí la telilla blanca que lo envolvía. En letras moradas sobre un fondo beige podía leerse…”

Este es el comienzo del libro que estoy leyendo. Se llama “Morir de libros” y su autor es Miguel Ángel Mala. Obtuvo el XIII premio Tiflos de novela en 2011.

Fin…

“El difícil arte del escribidor” … Mary Carmen

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Suelto escrito por Mary Carmen 

escritorAl principio no existían las teclas, ni tan siquiera la estilográfica había llegado, era el momento de escribir sobre la piel curtida de pergaminos amarillentos con la delicadeza y esfuerzo de la pluma deslizándose por la superficie pulida de una piel que se sacrificó para ser portadora de palabras.

Al principio son sólo palabras que deambulan desordenadas por la cabeza en busca de la idea que las domeñe y las ensarte en una sintaxis exacta, en el orden perfecto y con la belleza precisa para transformarse en la frase sugerente que atrape desde el comienzo. Se mezclan unas ideas con otras en una búsqueda permanente de la historia hasta que en un avatar orgásmico se gesta un argumento, nunca nuevo en apariencia, pero concebido con un gen distintivo que lo diferenciará del resto infinito de posibilidades creadoras.

Al principio es tan sólo la necesidad de comunicar, de encontrar un cómplice que se deje llevar hasta el imaginario privado de nuestra inconsciencia. Cuando el torbellino de ideas entra en eclosión su fuerza es tan arrolladora que ya nada se puede hacer, tan sólo esgrimir el lápiz, el boli o la pluma y dejar que la tinta plasme en filigranas de letras, cosidas en palabras, la ficción hasta entonces sólo pensada. Cuando el milagro se produce y en la soledad del teclado del ordenador somos capaces imprimir a las teclas el ritmo preciso que dé el tono necesario para encontrar la voz desde la que se contará la trama o la melodía sugerente que engarzará versos en poemas de belleza extrema. Después, todo el universo creativo se confabula para que el flirteo con el lector, al que se le invoca desde mucho antes de ser concebida la obra, concluya con un encuentro íntimo de entrega definitiva.

Pero, al principio, a veces, es tan sólo el folio en blanco, o la pantalla vacía y la imposibilidad dolorosa de poder llenarlo. En esas ocasiones, hay que recurrir a remedios más o menos eficaces, pequeñas o grandes dosis, dependiendo de la gravedad del caso, de lectura de los grandes, los que hicieron de la escritura un arte; o garabatear bocetos que preludien la obra; o invocar en ritos secretos a las musas, esas que están ebrias de inspiración; o dejar que nazcan esos personajes que se disfrazan con nuestros miedos y, en alguna que otra ocasión, son simples portadores de nuestros sueños; y, si todo eso no funciona, dejar que nuestras manos tracen tan sólo grafías emborronadas, anticipadoras de palabras porque, quizá, mucho tiempo después, alguien sea capaz de descifrar su significado, oculto tras tachones de inseguridad.

Al principio se escribe y se proyecta un éxito de masas. Pero entonces surgen las pruebas de iniciación para convertirse en un auténtico escritor: enfrentarse con la cruda realidad del porcentaje tan bajo de amantes de poesía, preservar los argumentos de novelas que no interesan a las editoriales porque nunca alcanzarán el potencial número de ventas de ejemplares, proteger la gestación de cuentos que llevan en su brevedad la fugacidad de su existencia y, no escatimar esfuerzos con las obras de teatro, merecieron nacer, basta con representarlas una vez con el grupo de amigos. Si el escribidor en ciernes no se desanima y es capaz de salir del laberinto, entonces, el escritor y la literatura simplemente vencen.

Cuando una idea fluye en la cabeza hay que transcribirla de inmediato. La historia, sin duda, le tiene reservado un lugar prominente para la eternidad: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

..G. García Márquez

 

 

Fin…

 

“Ayer y hoy”… Pepe Marquina

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Suelto escrito por Pepe Marquina

Los tiempos han cambiado.
Dos formas de decir lo mismo.
A veces el exceso de literatura impide la comprensión.
La brevedad es concisa y tajante.

AYER:

“Alguaciles de la justicia impondrán cepo o picota a todo aquel campesino, menesteroso o caballero, que fuese sorprendido inhalando o expeliendo humos de la planta conocida por Nicotiana tabacum, procedente de las islas occidentales”.

HOY:

“Prohibido fumar”.

Fin …

“La Gloria” …… Pepe Marquina

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En realidad la Gloria que yo busco es la misma que buscaba hace muchos años.

La Gloria es una muchacha con la que compartía pupitre en mis primeros años de escuela.

Hacía de todo para conquistarla, pero nunca obtenía éxito. Según pasaron los años me esforcé por leer muy bien y tomar huevos crudos para que mi tono de voz la volviera loca. No fue suficiente.

Años después, comencé a escribir y leerle mis primeros poemas. No entendía la poesía.

Pasé a la prosa. Abandoné los sonetos y entré en el mundo de las novelas. Kilos y más kilos de páginas y más páginas en busca de la Gloria. Ni con esas.

Ese es el motivo de mi escritura. Seducir a la Gloria. Pero no es fácil.

Suelto escrito por Pepe Marquina

“Por Qué” …… Pepe Marquina

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He leído recientemente un artículo sobre los que escribimos.

Por qué escribimos y para qué escribimos.

Más o menos se hacía el autor algunas preguntas, como éstas.

– ¿Por qué determinadas personas dedican las mejores horas del día, los mejores días del año y los mejores años de su vida a escribir?

– ¿Por qué determinadas personas se dedican a producir algo que nadie les ha pedido?

– ¿Por qué escriben si no persiguen el éxito social?

– ¿Por qué escriben si no buscan el enriquecimiento económico?

– ¿Cuál es en realidad la motivación que les lleva a escribir?

Yo no sé cuál será el problema de los demás, pero yo lo tengo claro: busco la Gloria.

Suelto escrito por Pepe Marquina

“El chicle” …Mary Carmen

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Relato Breve escrito por : Mary Carmen

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Elena cuando pasaba por delante de la puerta de Cuarto D se quedaba alelada mirando al interior porque allí estaba Nico, con su polo azul, su sonrisa hipnótica e, invariablemente, rodeado de las pelmas de sus admiradoras que no le dejaban ni a sol ni a sombra. Pero Elena nunca se atrevía a entrar en esa clase porque Nico la tenía comletamente loca.
chica con chicle–    No comas chicle en clase  -la reprendían todos sus profesores. Más

“Comienzos” …Pepe Marquina

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Hay lectores, incluso de blogs, que se las dan de listos. Se creen que lo saben todo. Les voy a demostrar que es muy difícil la siguiente prueba. Voy a poner dos comienzos, de cuento o novela. Uno de ellos es de quien esto escribe. ¿Sabrías decirme cual de los dos? Ni habrá felicitación para los que acierten, ni consolación para los que fallen.

Comienzo 1.

“En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…”

Comienzo 2.

“Esa noche don Casimiro no durmió bien. Tantas vueltas dio entre las sábanas que en varias ocasiones chocó con él cuerpo desnudo de Pilar Lacoja.

Nadie sabía en el pueblo si Pilar había recibido ese apellido de su padre o era el sobrenombre de su abuelo por no valerse bien con las dos piernas. Pero lo que sí sabían todos era que Pilar Lacoja  dormía desnuda todas las noches.  Lo hacía para que a don Casimiro le circulase mejor la sangre”.

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El quijote de Cervantes

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Suelto escrito por Pepe Marquina

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