fiesta

El día que llegó no era un día normal. Ahora, en cambio, ningún día puede ser normal porque Vanesa ya no está entre nosotros. La última vez que la vi fue después de la fiesta de Noemí. La fiesta de botellas vacías y de alcohol que se filtró por las venas hasta que nos nubló la vista y nos desató la lengua. La noche de los reproches rotos, de las lágrimas y de las risas con sabor a ginebra. EL humo de maría que invadía el salón y las habitaciones del pequeño piso en el que cada vez nos reuníamos con más frecuencia, impregnaba las estancias de una niebla densa en la que creíamos flotar. Nos sentíamos inmersos en una dimensión diferente, elegidos para otras causas. Más

Anuncios