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“Todo lo que sé”… Mary Carmen Caballero

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Todo lo que sé es que el mismo día que abandoné mi casa dejé atrás mi infancia. Las casualidades no existen, simplemente los hechos se concatenan sin más y creemos que son fruto del azar. Para mí no fue fácil cerrar aquella puerta que me desconectaba de mis raíces, del mundo que yo conocía hasta entonces y que, aunque desde luego, no era mucho me había resultado suficiente hasta ese preciso instante.

La vida y sus momentos, o mejor la vida y sus decisiones. No me volví, no quería que mi mente fotografiase las vetas de madera de una puerta que había abierto durante toda mi vida, también la había cerrado en igual número de ocasiones, pero nunca me había fijado bien en ella, tan solo contemplaba el bombín de la cerradura mientras empujaba machaconamente el pomo cada vez que salía, tal y como me había inculcado mi madre desde que tuve la libertad para poder entrar y salir de casa con mi propia llave. Esto no sucedía en demasiadas ocasiones, no porque ella no tuviese confianza en mí, no, no era eso, simplemente mi madre no soportaba que estuviese sola en casa. Por eso, las escasas veces que lo logré, las recordaba con precisión milimétrica, todos mis movimientos, todos mis pensamientos, mis pequeñas infracciones a las normas. Las suyas, las que ella impuso mucho tiempo atrás cuando yo tan solo era un bebé y no tenía capacidad de réplica. Quizá el ser tan llorona fue mi primer síntoma de rebeldía ante todo lo que se me venía encima, un síntoma que no ha desaparecido del todo nunca, de hecho, sigo siendo de lágrima fácil. Pero nada asusta más como cerrar una puerta, sobre todo si, como era en mi caso, no tenía ninguna perspectiva de abrir ninguna otra. También esa vez miré el bombín y empujé el pomo en reiteradas ocasiones para verificar que estaba bien cerrada. Más

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“Esperando a Gael” … Merche Postigo

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Esperando a Roman - Manos de anciana

Sentada en el sillón, erguida y abatida con las manos cruzadas en el regazo, María Rosa paliaba el dolor de espalda esperando a Gael. Mientras tanto, su hija, sentada en el sofá, mantenía un libro entre sus mano y fingía que leía.

María Rosa se estaba recuperando a duras penas de una grave operación. Sus ochenta y seis años conservaban fuerzas e ilusión para salir adelante, al menos unos cuantos años más, decía ella con cierto miedo.

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“Contagios” V I I …Texto colectivo a 18 manos

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Septimo Relato de la serie “Contagios” : escrito por Soledad Paramo

tom wasselmann SOLO PUDO HABER SIDO ÉL QUIEN SE LO HABÍA PEGADO. Una vez contados los días desde su encuentro y examinado las imágenes de Google, la duda quedaba resuelta. O casi. Quién iba a esperarlo de un hetero, parecía que el mundo de las ETS quedaba fuera de su campo. Fuese quien fuese el padre de aquel champiñón que le crecía bajo el prepucio acabaría encontrándolo.

Lo reconocía, estaba orgulloso de su pene. No era una cuestión de vanidad, no había llegado él solo a la conclusión de que era más bonito que el de los demás, era un hecho objetivo. Más

“Mi Vida. Mi Madre” …Merche Postigo

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que_no_se_entere_mi_madre

Mi madre es una mujer extraordinaria. Fuerte, decidida, segura de sí misma, tirada hacia delante, como dice mí hermano. Siempre dispuesta a dar su opinión, se la preguntes o no. Diría que era, ¡pero qué digo!, aún hoy, es una mujer a la que nadie le lleva la contraria. Imposible conseguir que admita que no tiene razón. Sus dichos favoritos son “! ya te lo dije!”, o “!no se te puede decir nada!”. Con eso desarma al más temible de los contrincantes. Más

Con un ojo abierto

Mi manera de mirar las cosas que (me) pasan.

Multiversal

un blog de Pablo Giordano

Memorias de una princesa

Una vida con un propósito que cumplir...

Cristian Castro Rodríguez

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