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No pude dejar de dar vueltas y más vueltas a la casa del porche. Algunos días después decidí que había llegado el momento. Esa tarde, en vez del calzón de deporte me puse americana y corbata. Agarré el portafolios que me había regalado mi ex por los últimos Reyes y, tres cuartos antes de la hora del paseo, me planté frente al enrejado de la enredadera. Al tocar el timbre del interfono, una voz femenina de acento dulce, preguntóLa disciplina del Jaguar Más

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