.Puenteando a mijefe

I

Al llegar a casa, lo primero que hizo Emma fue ponerse un dedo escaso de whisky. Nada más que dos hielos y un chorro largo de setz.

A continuación se tiró sobre el sofá y empezó a beberlo a sorbos pequeños, intentando tranquilizarse. Hacia la mitad comenzó a sentir el calor del destilado; también a encontrarse un poco más serena. Sin embargo, mientras se arrellanaba y recostaba su nuca entre los cojines, se vio reflejada en el espejo del aparador. Por la arruga del ceño y algún que otro rasgo de crispación en el rostro, reconoció que la tensión no había desaparecido del todo. No, no era posible. No era justo que una ERE llegara hasta su nivel. Con lo que se había esforzado para llegar hasta ahí. Sólo de pensar en ello le volvía la jaqueca. Entonces, en vez de relajarse y dejar que el licor siguiera haciendo su trabajo, de forma maquinal pero consciente, comenzó a poner en práctica todo aquello que le habían enseñado: cuello recto, en línea con la columna; hombros sueltos y caídos; barbilla al pecho, clavículas distendidas.  Era la primera vez que creía sacarle algún provecho al precio de los cursos de yoga. Y aún así, no tenía del todo claro que aquello funcionara ¡Maldita Ruth! ¡Qué tramposa! Pero qué se habría creído esa mosquita muerta! Más