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“Te prometo que no volverá a suceder” … Alejandro Nanclares

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.te prometo que no volvera a suceder

Parte II ….–>  Esa misma tarde, mientras paseaba por aquí y por allá, en un momento dado cayó en la cuenta. Al fin comprendió el origen de tan peculiar comportamiento. Aquella mujer había encontrado en la inmovilidad su estrategia. No recordaba dónde, pero  Mon había leído que algunos animales, como las gacelas de Thompson o los corzos, al sentirse amenazados se paralizan. Que son capaces de adoptar la inmovilidad  más absoluta para pasar desapercibidos. Que el miedo les hace incluso detener la propia respiración durante unos pocos minutos. Y precisamente eso era lo que él había visto: la inercia de una cautela muy parecida al miedo. En el caso de Crista, la conciencia de su propia fragilidad le había llevado a elegir idéntica defensa del mimetismo. Más

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“Te prometo que no volverá a suceder” …Alejandro Nanclares

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Parte 2

.te prometo que nunca volverá a suceder

 Parte 1 ….. Ordenó lo poco que llevaba en la mochila sobre los estantes del armario y luego se tumbó en la cama. Quería calcular las consecuencias de su decisión y cómo empezaba a planteársele la nueva circunstancia. Intentaba imaginar qué podría decir ella, cuál sería la opinión de su esposa de saber qué era de él en ese momento. Sopesar, también, si por una vez había actuado tino y con sensatez, pero poco rato después se quedó dormido. Despertó un par de horas más tarde, cuando la luz de la tarde había comenzado a decrecer. Tomó una ducha rápida, se afeitó, se cambió de camisa y, tras cerciorarse que la ventana francesa quedaba cerrada, dio media vuelta al edificio con dirección a la puerta principal. En la barra, entre ambos cumplimentaron su ficha delante de una cerveza fría y, una vez acabada, Teo le hizo pasar al comedor del establecimiento, al que se accedía desde la misma sala del bar Más

“El camión de mudanzas escarlata” … John Cheever

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.John Cheever- El camion de mudanzas escarlata

Adiós al mortal aburrimiento de repartir un raquítico pollo entre una familia de siete, y a todos los demás ritos de los pueblos de las colinas. No me refiero a las aldeas que están de veras montaña arriba, como Asís, Perugia o Saracinesco, encaramadas sobre un despeñadero de novecientos metros de hondo, con murallas de aquel deprimente color gris de los cartones para camisas y líquenes color mostaza que florecen sobre los vencidos tejados. El terreno, de hecho, era llano, y las casas de madera. Hablo del este de Estados Unidos, de la clase de lugar donde vive la mayoría de nosotros. El municipio independiente de B____ tenía una población de tal vez doscientos matrimonios, todos ellos con perros y niños, y muchos con servicio doméstico; se asemejaba a una ciudad de las colinas en un solo aspecto, es decir, en que los enfermos, los desencantados y los pobres no podían escalar el escarpado sendero moral que constituía su defensa natural, y en que llegado el momento en que cualquiera de sus vecinos caía bajo el virus de la infelicidad o el descontento, consciente de la inutilidad de residir en un paraje de tal altura espiritual, se iba a vivir a la llanura. La vida era del todo cómoda y tranquila. B____ estaba exclusivamente reservado a los dichosos. Las amas de casa besaban con ternura a sus maridos por la mañana y con pasión al anochecer. En casi todos los hogares había amor, benevolencia y abundante esperanza. Las escuelas eran excelentes, las carreteras lisas, perfecto el alcantarillado e impecables los demás servicios públicos. Una tarde de primavera, al ponerse el sol, un inmenso camión de mudanzas, con letras doradas en ambos costados, recorrió la calle y se detuvo delante de la casa Marple, que había estado vacía durante tres meses. Más

“Termitas” …Pepe Marquina

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Suelto de Pepe Marquina

A las termitas se les llama también hormigas blancas. Son insectos sociales que viven en grandes cantidades acercándose a veces a varios millones, pero con un orden jerárquico muy bien establecido que todos respetan.

Se alimentan de madera. Tienen una particularidad: su intestino no es capaz de digerirla. Necesitan de unos animalitos microscópicos que viven en su intestino y digieren la celulosa de la madera, para que luego sean las termitas quienes la aprovechen.

Estos animalitos morirían fuera de la termita, y la termita se moriría de hambre si no tuviera estos animalitos que la ayudaran con la digestión. En este caso, ambos organismos dependen mutuamente para su supervivencia.

 Ambos se necesitan y no echan cuentas a final de año.

Un paleontólogo americano ha descubierto que esta buena relación se viene produciendo desde hace cien millones de años.

Es un ejemplo de buena vecindad.

Fin…

Con un ojo abierto

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Multiversal

un blog de Pablo Giordano

Memorias de una princesa

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Cristian Castro Rodríguez

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