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“Amaretto” …Merche Postigo

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.Hombre triste bebiendo

De Raimundo, un hombre al que le gustaban tanto las apuestas como el alcohol, cuentan que un día se hartó de esperar no se sabe muy bien qué o a quien y retó a la muerte. Dijo que le daría una única oportunidad y abandonó el bar tambaleándose. También dicen que nadie le prestó atención. Pero hacía mucho tiempo que a Raimundo nadie le hacía caso.

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“Todo lo que sé”… Mary Carmen Caballero

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Todo lo que sé es que el mismo día que abandoné mi casa dejé atrás mi infancia. Las casualidades no existen, simplemente los hechos se concatenan sin más y creemos que son fruto del azar. Para mí no fue fácil cerrar aquella puerta que me desconectaba de mis raíces, del mundo que yo conocía hasta entonces y que, aunque desde luego, no era mucho me había resultado suficiente hasta ese preciso instante.

La vida y sus momentos, o mejor la vida y sus decisiones. No me volví, no quería que mi mente fotografiase las vetas de madera de una puerta que había abierto durante toda mi vida, también la había cerrado en igual número de ocasiones, pero nunca me había fijado bien en ella, tan solo contemplaba el bombín de la cerradura mientras empujaba machaconamente el pomo cada vez que salía, tal y como me había inculcado mi madre desde que tuve la libertad para poder entrar y salir de casa con mi propia llave. Esto no sucedía en demasiadas ocasiones, no porque ella no tuviese confianza en mí, no, no era eso, simplemente mi madre no soportaba que estuviese sola en casa. Por eso, las escasas veces que lo logré, las recordaba con precisión milimétrica, todos mis movimientos, todos mis pensamientos, mis pequeñas infracciones a las normas. Las suyas, las que ella impuso mucho tiempo atrás cuando yo tan solo era un bebé y no tenía capacidad de réplica. Quizá el ser tan llorona fue mi primer síntoma de rebeldía ante todo lo que se me venía encima, un síntoma que no ha desaparecido del todo nunca, de hecho, sigo siendo de lágrima fácil. Pero nada asusta más como cerrar una puerta, sobre todo si, como era en mi caso, no tenía ninguna perspectiva de abrir ninguna otra. También esa vez miré el bombín y empujé el pomo en reiteradas ocasiones para verificar que estaba bien cerrada. Más

“Uñas de coral”… Mary Carmen Caballero

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El agua roza inquietante mi pie, lame con su saliva salada mis dedos atreviéndose osada a filtrarse entre mis uñas de coral que destacan entre el cristal transparente de las olas. Contemplo mis pies entregados al cosquilleo infinito de un mar en fuga.

Quizás si alargase mi mano, también con uñas de coral pero de un color menos intenso, podría rociar mi cara y aliviar la incipiente sequedad que noto. Observo los granos de arena que cubren mis piernas y que brillan como pepitas de oro ante la intensidad lumínica de un sol de justicia que, implacable, dora mi piel y, a veces, la enrojece con la aviesa intención de quemarme. Pero a mí eso no me preocupa, tengo la piel grasienta de crema protectora y la sombrilla estratégicamente posicionada para burlar los rayos de sol. Más

“Invitación de boda” …Merche Postigo

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.Invitación de boda - la carta

El día que decidí volver a casa no sabía muy bien lo que hacía. En ocasiones te empeñas en saltar muros imposibles hasta que ves la altura de las vallas. Habían pasado muchos años desde que abandoné a mi entorno. Tenía solo veinte y muchos deseos escritos en un pedazo de papel. Ahora llevaba tiempo buscando motivos para regresar.

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“Parpadeo”… Mary Carmen Caballero

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No hay nada, tan solo una soledad letal y corrosiva que anega mis entrañas. Es raro, todo a mi alrededor permanece contagiado de tristeza. Busco en los rostros de algunos de los que me rodean la mirada cómplice de la comprensión, pero es absurdo nadie se fija en mí.

Sigo la rutina de todos los días, el recorrido en metro que repito machaconamente cada mañana cuando me dirijo al trabajo. Muchos rostros me son  familiares, algunos de esos pasajeros anónimos, tan anónimos como yo, alguna vez, en alguna ocasión del todo fortuita y casual, han cruzado conmigo una mirada efímera y hasta he creído entrever un esbozo de sonrisa fugaz a modo de saludo tácito y breve. Sin embargo, hoy nadie se fija en mí. Ni en la mirada acuosa de mis ojos, ni en el cansancio moral que me invade hasta el punto de sentir mis piernas de plastilina como si en cualquier momento se fueran a partir y a lanzarme irremediablemente contra el suelo. El traqueteo del tren agita mi interior como si fuera una batidora. También mis pensamientos. Más

“Tocando el bajo”…Mary Carmen Caballero

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No hubo tiempo para decir adiós. Por una parte es mejor así, yo tan solo cerré la puerta y lo dejé allí absorto en sus pensamientos y en mi despedida.

Hoy hace frío y la montaña cubierta de nieve es una invitación para quedarse en casa con una taza de café caliente y poner una banda sonora que acompañe la lectura de un buen libro. Debería haber sido así siempre, mañanas tranquilas de las que no se anotan en los recuerdos porque aparentemente no aportan nada, tan solo son una hoja más del calendario o de la agenda. La pequeña cabaña en la que vivo está lejos de todo, situada en una altiplanicie donde el valle rompe sus límites y se inician las lomas cada vez más escarpadas que concluyen en los vértices nevados de una cordillera infinita y blanca. La soledad es absoluta, el silencio también. Más

“La caricia olvidada”… Mary Carmen Caballero

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enamoradosSe acerca lento con la seguridad cierta del que llega a la meta. Bordea táctico el espacio que la aisla formando un cerco protector de la gente anónima que la rodea. Ella sonríe y habla ajena al hombre que la sueña, esparce palabras de las que a él solo le llegan sílabas entrecortadas. Él la observa de más cerca y percibe el halo mágico de su presencia. Más

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