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“Teresa” …Alejandro Nanclares

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Teresa mujer escribiendo .

Todas las tardes, cuando termina su jornada laboral y regresa a casa, tras recoger la cena, escribe historias durante un par de horas. Cualquier tipo de historias sobre cualquier cosa. Sólo se sienta y escribe.

Hasta que llega el sueño.

Y hoy, en este momento, ahora mismo, está escribiendo la historia de Teresa, una antigua compañera de trabajo. Más

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“Malos humos”…Pepe Marquina

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Yo contamino.

Tú contaminas.

Él contamina.

Nosotros contaminamos.

Vosotros contamináis.

Ellos  VOLKSWAGEN.

VolksWagen

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Suelto escrito por Pepe Marquina

“Una tarde de playa” …Merche Postigo

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.Soroya y la playa

Entró a la playa por detrás, por donde antes entraban los amantes nocturnos. Silencioso. Se aproximó a la orilla. Cuando las olas saludaron los pies, él las evitó con desaire. Con su mano apoyada en la frente oteó el horizonte. Yo solo podía ver su espalda. Todo presagiaba una buena tarde de playa. Prometía bien. Se giró, observaba el horizonte del poniente. La playa enmudeció mientras el sol seguía su camino. Un aire frío congeló la calima. Los niños enmudecieron, dejaron sus juegos, las palas y calderitos de colores fueron abandonados en las almenas de los castillos, las parejas jóvenes cesaron los besos y arrumacos, y los matrimonios viejos finalizaron sus discusiones. Lo miré , no tenia miedo, o quizás si. Admiré a ese hombre. Su rostro amarillo con tintes cenizos ocultaba su primer día de playa. El cabello negro y ralo, le caía por la frente dejando a penas ver sus ojos. Estos atrajeron los míos. Eran pequeños, redondos y penetrantes. Dos agujeros negros que delimitaban su nariz, el punto de equilibrio. Apenas si se movían, miraban sin destino. Rodeados de un antifaz negro, circunferencias perfectas y asimétricas. Le hacían parecer un extraño. ¡Juro que los ojos estaban huecos!. Detrás de ellos adiviné tristeza aderezada con abandono. O quizás no. Me devolvió la mirada agrandada de vacío. Bajé los ojos al suelo algo azorada, incluso ruborizada. El joven extendió la toalla a escasos centímetros de la mía. Apoyó su espalda en la suave arena y cerró la mirada, pensando en mí. ¡Estoy segura!. Rápidamente los niños volvieron a jugar. Sus calderitos de colores con palas retomaron las murallas de los castillos. Las parejas jóvenes volvieron a unir sus lenguas en bellos y deliciosos besos. Solo los viejos matrimonios evitaron iniciar sus discusiones, nunca supe por qué, y todos lo agradecieron. El calor volvió a la playa, yo me tumbé. Con los ojos cerrados, observando el cielo. No podía dejar de mirarlo y me imbuí en el sopor de la tarde. Más

“Imágenes Virtuales” … Mary Carmen

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Relato breve escrito por Mary Carmen

aburrimiento

      El calor soporífero de la oficina licuaba los pensamientos de Chema. Por más que intentaba centrarse en las cifras que emanaban de la pantalla del terminal le resultaba absolutamente imposible. Su mente divagaba anodina sin centrarse en ningún aspecto en concreto. No es que tuviera problemas, no era eso. Tan sólo no podía con la monotonía de los días y el tedio de jornadas repetitivas que no le conducían a ninguna parte.

– Venga, tío, arriba ese ánimo. Tú lo que tienes que hacer es un viaje. Entra en una de las mil páginas web que ofrecen ofertas al por mayor y elige un destino. – le aconsejaba Rita desde detrás del ordenador.

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“Sueños” …Merche Postigo

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Entre sabanas-Sin titulo
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Los acontecimientos se sucedían demasiado veloces para su gusto. En esos días de verano todo pasaba por delante de sus ojos con precipitación. Estaba en plena canícula de Julio sola en Madrid, todos los amigos habían cambiado el calor sofocante de la ciudad por la brisa de las abarrotadas playas de Alicante. Ella prefirió la cálida soledad de la ciudad.

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“Al principio” …. Merche Postigo

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Relato Breve escrito por Merche Postigo

Al preincipio en el ascensor

Se abrió la puerta del ascensor y nos tropezamos. Las disculpas se amontonaron sobre nuestras cabezas, flotaron en el aire y llegaron al recibidor. El portero miró hacia nuestro rincón en un intento de ayudar. ¿Ayuda interesada? Los porteros nunca hacen nada sin esperar algo a cambio, y el portero de mi casa no era una excepción. Siempre atento a todo y a todos, estaba al quite (decía el vecino del quinto aficionado a los toros y bajito) del que entraba y del que salía. Sonreía a las señoras elegantes que le daban regalos en navidad. Pero miraba por encima de su hombro a las chicas que vivían solas en él edificio. Cosas de su religión, dijo aquel día la vecina del sexto, esos no pueden ni ver ni hablar con mujeres solteras, son malditas para ellos. La puerta del ascensor se cerró y nos dejó a los dos “frente con frente”, asombrados de nuestra estupidez y con la sonrisa etrusca instala en la comisura de los labios. Quiso tocarme el hombro y ayudar al abrigo a retomar su compostura, lo rechacé con desdén. Después sentada en el salón de mi casa, me arrepentí. ¡Estaba encerrada en el ascensor!. Subí al apartamento con su mirada introducida en mi boca. Una boca que no se atrevía a cerrarse, que no salivaba, y que apenas si pudo pronunciar dos palabras, “buenas y noches”. El sonido del televisor me despertó del ensueño estirada en el sofá. Siempre la misma historia, abría la puerta y allí estaba, el terrible aparato encendido, con los deportes, con las noticias, con las series americanas o con la mierda que fuera, pero siempre encendido. Se me pasaba por la cabeza la idea de arrojarlo, tirarlo literalmente por la ventana, pero la economía no me permitía desde hacía algún tiempo hacer gestos extravagantes. ¡Estúpida mujer!, ni siquiera memorizaste el número de su apartamento. Respiré aliviada al pensar que el portero lo conocía con seguridad.
Ascensor

Fin…

“Silencio” …Pepe Marquina

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Suelto escrito por Pepe Marquina

Hoy he soñado.

Soñaba que ya no roncamos cuando dormimos, sino cuando estamos despiertos y pensamos.

He soñado que los sonidos del ronquido sólo se producían cuando pensábamos.

He salido a la calle. Tenía curiosidad por escuchar la orquesta de sonidos en la acera: silencio.

He ido a un parque donde había adultos y muchos niños jugando: silencio.

He ido al campo de fútbol más grande de España (bueno al que costó más dinero construirlo) que estaba a rebosar en un partido: silencio.

He soñado que iba a los ministerios que deciden cómo curarnos y qué debemos aprender: silencio.

He ido al congreso de los diputados: silencio.

Por último he ido a la cola de los desempleados: me he tenido que alejar muy deprisa porque la algarabía de ronquidos me perforaba el tímpano.

He seguido durmiendo para comprobar si roncaba mientras soñaba.

Fin…

Multiversal

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Memorias de una princesa

Una vida con un propósito que cumplir...

Cristian Castro Rodríguez

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