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“Pacto de hermanas”… Mary Carmen Caballero

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.Hermanas - campos de castilla

Son las cuatro de la tarde. El calor incendia la tierra desprendiendo un vapor de caldera que mueve con ilusiones ópticas el paisaje que la rodea.

Este verano es asfixiante. En todos lados hace calor, pero en ningún sitio es tan aplastante como en La Mancha– piensa.

Lo cierto es que ella no tiene demasiados elementos de juicio para establecer una conclusión tan categórica, y no los tiene, entre otras razones, porque jamás ha experimentado en toda su vida otra realidad que no sea la de esta tierra reseca y árida en la que ha transcurrido su medio siglo de vida.

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“Encuentro”… Mary Carmen Caballero

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abrazoHabían alquilado la casa en lo alto de la colina en un paraje idílico, lejos de las otras construcciones de la mancomunidad. Lo habían hecho de mutuo acuerdo aunque desde lugares diferentes. Tomar la decisión no había sido sencillo y lo habían pospuesto en demasiadas ocasiones. Llegaron por separado cada uno con su pequeña maleta y los dos se quedaron inmóviles frente a la puerta esperando que el otro tomase la iniciativa y la abriera. La risa incontrolada y la dificultad al girar la llave evidenció el nerviosismo de él,  la falta de coherencia en las frases incipientes que ella pronunció delataron la inquietud de ella. Más

“El secreto”… Mary Carmen Caballero

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mujer andando

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No me quise quedar con su olvido, tampoco con su recuerdo. Se marchó para siempre, al menos eso creía yo, el día que por fin no fui capaz de recordar con exactitud el ritmo de sus pisadas y que ya no me afectó la profundidad de su mirada.

La encontré una mañana cualquiera, es asombroso cómo la memoria juega de manera aleatoria con los recuerdos.  Tal vez, no fue una mañana, quizás todo ocurrió en una de esas tardes en las que el verano se niega a doblegarse ante la llegada inminente del otoño. En esas tardes en las que hay un derroche de luz y de colores, cuando las hojas, antes de rendirse en caída precipitada hacia el suelo, se tiñen de colores ocres. Lo que sí sé es que éramos muy jóvenes, tanto que aún creíamos en la eternidad de los momentos y en la inquebrantabilidad de las promesas. Eran otros tiempos.  Más

“En el café La Palma” …Merche Postigo

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.En el café la Palma - La calle

Adela se aseguró de que la puerta del cuarto de baño estuviera cerrada. Hacía poco tiempo que vivía sola de nuevo, pero mantenía hábitos de anteriores convivencias. Sentada en la tapa blanca del inodoro, miró con ternura la cajita blanca y comenzó a morderse una uña. Adela es joven y en ocasiones nerviosa, todo  al mismo tiempo. Su afición por morderse las uñas nació pronto, de noche. Un beso tuvo la culpa. Pero Adela nunca lo contó ni aprendió a decir que no. Se había pasado dos minutos perfilando la uña con sus dientes cuando se decidió y extrajo del interior de la cajita una pequeña varita plana. La sensación de que una cosa blanca con algo de rosa pudiera predecir el futuro la excitó. Dejó trascurrir el tiempo indicado en el prospecto y mientras tanto terminó de moldear otra uña. Cinco minutos más tarde Adela apoyó con ternura el palito encima del lavabo, bajó la mirada al suelo y se arropó la cabeza entre las manos. Sus piernas, todavía desnudas, comenzaron a temblar. Más

“Un incendio en la cocina” …Merche Postigo

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Un incendio en la cocina- Mujer Roy Lichtenstein.

La tarde transcurría incierta, Nélida, recostada en el sofá, sujetaba un Gin-tonic en la mano y no paraba de mirar el teléfono. Lo levantó de la base hasta cuatro veces. Marcaba el número, esperaba al sonido de la llamada y cuando al otro lado de la línea contestaban, colgaba.

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“Mentiras”… Mary Carmen

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+los+mentirosos

No me mientas. La misma frase que me han repetido de forma insistente desde que tengo uso de razón incluso, con toda seguridad, desde mucho antes.

Claro que no fui yo. ¿Cómo puedes creer a los demás y a mí no? –le pregunté.

No me mientas –me suplicó con una mirada acuosa sin lágrimas.

Sujetaba en una mano el sobre y en la otra el papel enmarcado por sellos oficiales. Una simple ojeada bastaba para intuir el escrito. No dejaba mucho espacio para la conjetura, tampoco para el desconcierto.

Yo no tengo la culpa. Tan sólo intenté minimizar los riesgos.

Cállate –dijo y me dio la espalda.

Se fue. Dio media vuelta y ni siquiera se despidió, aunque antes de salir del salón tiró la carta sobre la alfombra. Me quedé inmóvil, no la retuve, tampoco la seguí. Daños colaterales, pensé. En ocasiones los acontecimientos se precipitan y uno no puede hacer nada por detenerlos. Más

“Una toalla”… Mary Carmen

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bañoHay días en los que es mejor no levantarse pero la luz cegadora que entra por la ventana me apremia a no remolonear más, también el despertador que no deja de sonar, aún no entiendo por qué lo he puesto con lo tarde que es y, además, tengo tiempo de sobra. Pero, sobre todo, es la punzada de nervios que siento en la boca del estómago la que me hace saltar de la cama.

Sé que puedo volverme atrás, pero he superado tantos escollos que ahora no es momento de achantarse. Lo primero un buen desayuno, necesito energía para este día tan largo. Descuelgo el teléfono es Martín, desde el otro lado del mundo, sin tener en cuenta los cambios horarios que rigen en la tierra. Suena jovial como siempre. Más

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