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“Siniestro total” …Alejandro Nanaclares

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 ¿Oiga, oiga…? ¿Me puede oír? ¡Anda, pero si está usted consciente! Después de tanta vuelta de campana pensaba que… Pero… ¿Se encuentra bien?

  • Uh… ¡Eso creo! Ayúdeme a salir de aquí
  • Un momento, un momento. No se impaciente – dijo abriendo una navaja del tamaño de un machete- ¡Ya está! He cortado el cinturón de seguridad que le estaba estrangulando. Ahora, alárgueme una mano, le ayudaré a salir por la ventana. Como el vehículo ha quedado bocabajo, no se puede abrir la portezuela. Despacio; despacio ¿Se puede levantar ya?
  • Creo que si. La verdad es que estoy bastante mareado –respondí mientras salía a gatas a la hierba escarchada de la cuneta- pero si usted me ayuda, creo que las piernas me sostendrán.
  • No, espere, espere… ¡Increíble, si se mantiene de pie y todo! – y su exclamación produjo una bocanada de vaho delante de mi cara.
  • ¡Que suerte ha tenido! Prácticamente ileso ¡Ah, menos mal que suelo pasar por aquí!

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“Huevos de la granja” … Matilde Tricarico

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.Huevos de la granja - pies

A mí me toca abrir la tienda con el primer canto del gallo, y él sigue durmiendo con la boca abierta. Le pellizco los pies, ni se inmuta. Una vez leí que era la peor tortura china.  Ni por esas, sueña como un niño a quién le acaban de quitar los pañales. Algún día le arrancaré las uñas, a ver si se despierta. Me avergüenzo de ser tan ruin. La vida del portero de noche es muy dura. Me tropiezo con la pistola que deja al llegar siempre en el suelo. Hace dos noche volvió borracho y sí me asusté. Me puso la pistola en la frente y me dijo que estaba cargada y que un día me mataría. No tuve el valor de preguntar por qué. No lo decía en serio, os lo aseguro.

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“En el café La Palma” …Merche Postigo

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.En el café la Palma - La calle

Adela se aseguró de que la puerta del cuarto de baño estuviera cerrada. Hacía poco tiempo que vivía sola de nuevo, pero mantenía hábitos de anteriores convivencias. Sentada en la tapa blanca del inodoro, miró con ternura la cajita blanca y comenzó a morderse una uña. Adela es joven y en ocasiones nerviosa, todo  al mismo tiempo. Su afición por morderse las uñas nació pronto, de noche. Un beso tuvo la culpa. Pero Adela nunca lo contó ni aprendió a decir que no. Se había pasado dos minutos perfilando la uña con sus dientes cuando se decidió y extrajo del interior de la cajita una pequeña varita plana. La sensación de que una cosa blanca con algo de rosa pudiera predecir el futuro la excitó. Dejó trascurrir el tiempo indicado en el prospecto y mientras tanto terminó de moldear otra uña. Cinco minutos más tarde Adela apoyó con ternura el palito encima del lavabo, bajó la mirada al suelo y se arropó la cabeza entre las manos. Sus piernas, todavía desnudas, comenzaron a temblar. Más

“BIOGRAFÍA CONCISA DE MYKE SELVE” ..Alejandro Nancalares

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PRIMERA PARTE – (TRES HISTORIAS ÉPICAS) by BROTHER W. KELLOGG

Prof. de Grado Asociado al Antropologic Dpart.
De Salish Kootenai College- (St. Pablo, 406- Campus Univ.)

 Traducción: T. NANCLARES


 BIOGRAFÍA CONCISA DE MYKE SELVE-Mike Selve

La escasez de auténticas noticias sobre su vida es algo que no por conocido deja de resultar asombroso. Naturalmente, nos referimos a datos fehacientes y no a ese extenso aunque pintoresco anecdotario que generaron ciertas editoriales baratas y que, por su parte, jamás se ocupó en desmentir. Es más, podría llegar a sospecharse que de alguna forma él mismo contribuyera a su difusión Más

“Sin Limites” … Merche Postigo

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El gritoSe comportaba como un león de circo, revolviéndose entre las paredes de la cocina, parecía incomodo, le faltaba espacio. Me pareció que se había calmado por unos segundos, cuando volvió a sentarse en la silla cercana a la ventana de la cocina, hasta que usó el cigarrillo, enganchado en sus dedos, a modo de puntero para señalarme, entonces supe que la batalla solo había empezado. “No seas borde, porque eres muy borde” – me escupió a la cara, mientras se levantaba apartando la silla con la bota – “solo pretendo ayudarte, pero tú te estas comportando como una borde” – Insistía a gritos.  Paralizada por el miedo, no sabía cómo reaccionar ante aquel despliegue de insultos injustificados. Nunca hubiera imaginado que hacerle partícipe de mi problema, derivaría en semejante bronca. Yo solo susurré, estoy segura que solo le susurré, no deseaba hacer las cosas como él me proponía. Pero mientras yo trataba de encontrar el punto de fusión entre mis palabras y su reacción, se acercó tanto a mí que pude oler su aftershave (mi regalo en la última navidad), me aparté con rapidez. Sentir sus alaridos desde tan cerca me asustaba. No estaba preparada para escuchar tantas veces el apelativo agrio y frío con el que no paraba de definirme.  “borde”. Sus palabras rebotaban en mis oídos una y otra vez, se apoderaban de mi cabeza para quedarse. Retrocedí de nuevo, me alejé del olor a navidad y salí de la cocina “No tienes por qué insultarme” – Le dije en un alarde de valentía, fue todo lo que fui capaz de articular. Fue un intento baldío de razonar con él.
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“Una cosa más” … Raymond Carver

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Carver y Gallager 15 de mayo de 1988

En el relato “Una cosa más” Raymond Carver muestra su peculiar forma de ver y entender su bien conocida enfermedad, el alcoholismo.

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Carver, para contar esta historia, nos muestra la evolución perfecta de sentimientos acompañada de sus respectivos comportamientos. Las opiniones, los conflictos, el control, o mejor aún la falta de control, y la unidad para dar vida a una familia , son usados para descubrir al lector como se Carver lucha por la enfermedad.

La historia está contada en tercera persona, obligando al narrador a que no se posicione con ninguno de los personajes, aportando indiferencia al relato, una indiferencia que reitera sobre los efectos reales del alcoholismo.

El narrador comienza informando al lector sobre Maxine la mujer de LD, y sobre sus intenciones, unas intenciones muy bien definidas y meditadas, que son compartidas por la hija de ambos Bea. La hija, que tanto insiste para convencer a su padre en el abandono del alcohol, y a la que el protagonista del relato, LD, no respeta, mofándose de sus opiniones de forma continuada.

Raymond muestra con claridad espantosa como el alcoholismo simboliza la falta de control – falta de control para combatir la enfermedad y falta de control que desemboca en violencia. De una forma muy explícita, Raymond, deja ver al lector lo absurdo de los argumentos de Bea sobre la posibilidad de eludir las enfermedades solo con desearlo y como todo esto a LD le resulta estúpido y le incomoda.

En el proceso evolutivo que tiene el protagonista, Raymond también nos muestra la evolución hacia la dependencia que desarrolla el protagonista para con su familia, cuando se da cuenta de su situación, de su realidad. Una dependencia hacia la unidad familiar. Una unidad familiar que sin embargo Maxime y Bea mantienen activa y dejando fuera al protagonista como castigo por no abandonar el alcohol.

Carver cierra su cuento mostrando la evolución final del protagonista hacia la inseguridad. Debatiéndose entre el amor a su mujer y a su hija y su imposibilidad de convertirse en lo que ellas anhelan.

Como dijo Carver :

“Nunca escribí una frase que valiese la pena mientras estaba bajo la influencia del alcohol”

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Esto nos da pie para leer este maravilloso y soberbiamente relato escrito por Carver, estando sobrio.

“La tarta” … Raymond Carver

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Relato Breve escrito por Raymond Carver

Texto base en “Principiantes” – traducción de Jesús Zulaika

Coche Cadillac

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Estaba su coche, y ninguno más, y Burt dio gracias por ello. Entró por el camino de acceso y se detuvo junto a la tarta que se le había caído la noche anterior. Seguía allí: el recipiente de aluminio volcado, el relleno de calabaza desparramado por el pavimento. Era viernes, casi mediodía, el día siguiente a Navidad.

El día de Navidad había ido a visitar a su mujer y a sus hijos. Pero Vera le había dicho de antemano que tenía que marcharse antes de las seis de la tarde, porque su amigo iría con sus hijos a cenar con ella y los suyos. Se habían sentado en la sala y habían abierto con solemnidad los regalos que él les había llevado. Las luces del árbol de Navidad parpadeaban en sus ramas. Había otros paquetes envueltos en papel brillante y atados con cintas y lazos al pie del árbol, a la espera de que fueran las seis. Burt miró cómo sus hijos Terri y Jack, abrían sus regalos. Y esperó mientras los dedos de Vera deshacían cuidadosamente el lazo y despegaban el papel celo del suyo. Una vez abierto el envoltorio, Vera abrió la caja y sacó el suéter de cachemir beige. Más

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