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“La estación perdida” …Merche Postigo

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La chica de la chaqueta azul no dejaba de observarlo. A él le resultaba embarazoso sentirse observado. Se alejó del andén esperando perder la mirada de la joven, pero al cruzar los tornos metálicos la noche le sorprendió y comenzó a recordar. Era ella, la joven de la chaqueta azul, era ella, la mujer con la que había pasado los últimos cuarenta años y que ahora se difuminaba en su cabeza y desaparecía de su memoria con la velocidad del tren.

.La estación Perdida

“Entre dos hombres” …Merche Postigo

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Miró a su marido de soslayo. Luego giró la cabeza hacia donde se encontraba su amante. Sin pensarlo dos segundos les preguntó, ¿Qué día dejé de reconoceros?.

.Entre dos hombre

“Carretera a ninguna parte” … Merche Postigo

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El autobús sin luces ascendía por la carretera de la playa. Una carretera sinuosa y oscura los conducía a su destino. Era ya noche, el reflejo de la luna en el mar les permitía distinguir sus gestos. Ella lo miró con recelo un instante, él le devolvió la mirada con desafío. Se odiaban. Ella por haberse dejado enredar en sus mentiras, el por no haber sabido amarla. Salieron del autobús por puertas separadas, ya sin mirarse y la oscuridad de la noche los engulló.

.carretera a ninguna parte

“El saludo”… Mary Carmen Caballero

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Al girar el coche para entrar en la calle posterior a la del garaje, un ceda al paso obliga a la frenada. En frente de mí, cuando inicio la marcha, se encuentran unas casitas bajas, olvidadas por la burbuja de la construcción que, de forma inexplicable, han olvidado derruir para construir en su lugar mastodónticos edificios.

Al encarar la calle, despacito a causa del giro, un anciano desde la puerta de su casa, una casita baja y anacrónica en la ciudad, levanta su mano y saluda.

Es un viejito encorvado y ausente, que considera el saludo matutino a los coches su obligación diaria. Apenas detiene su mirada en los conductores, pero su mano se agita, incansable y lenta, cada vez que uno de los coches anónimos pasa por delante de su puerta.

Él permanece inamovible en el quicio sujetando sus muchos años y levantando despacioso la mano. En ocasiones los coches pasan algo rápido y a él no le da tiempo a elevar de nuevo su mano arrugada para iniciar un nuevo saludo.

Todas las mañanas el viejito de la puerta espera mi llegada para saludarme.  No es un saludo extraviado, sé que va dirigido a mí de forma sutil y directa. Cuando paso con mi coche delante de él, yo le sonrío.

Cada mañana constato también que, a pocos metros, permanecen, aparcados y expectantes, un coche de los servicios sociales y otro de la funeraria a la misma distancia, próxima y equidistante, de la puerta del anciano.

Anciano solo

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Microrrelato escrito por Mary Carmen Caballero

“Deseos” … Merche Postigo

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Una mañana de sábado, de un sábado cualquiera, una joven loca entra en el consulado de España en Paris. La atmosfera es pesada y la multitud ahoga todos los deseos.

Después de una espera de dos horas, un hombre de gafas verdes y barba de varios días, le da la bienvenida detrás del cristal. La joven loca le comenta con excitación su deseo de inscribirse en el consulado. El hombre de gafas verdes le sonríe y extiende frente a ella todos los papeles a cumplimentar. Hoy no podrá ser, piensa ella en voz alta y sonríe. No importa volveré, le dice al hombre de gafas verdes. Él la llama loca. Ella vuelve a sonreír y lo mira con deseo. Entonces la joven local confiesa que acaricia la idea de volver a verlo. Él le devuelve la sonrisa y llama al siguiente de la fila.

.Deseos

Micro Relato escrito por Merche Postigo

“Frente a la ventana” … Merche Postigo

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.Frente a la ventana

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Añoraba, necesitaba, quería a cualquier coste, tener marido.

Y, si para ello tenia que abrirse de piernas, así lo haría.

Pobrecilla , murió en el acto.

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Micro Relato escrito por Merche Postigo

“Atrapado” … Merche Postigo

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La noche está llegando y yo sigo aquí, sentado en el viejo sillón que mi padre compró hace hoy algunos años. Sigo inmóvil, atravesando con los ojos la ventana, intentando ver salvando la cortina. La cortina que ella colgó frente al sillón y que ahora oscurece mi realidad. Sufro viendo la noche llegar, hiere cuando me aborda y la cortina expía conmigo. Contemplo con hastío el fracaso de mi vida, y la victoria de la mujer que se aleja a la velocidad de la luz del día. La cortina insiste en no permitirme ver la calle, cómplice de su desprecio también me ignora. Vuelvo a intentarlo. Contemplo mi mano en su ascenso hacia ella, se alarga, se sujeta recelosa a la cortina que se resiste en silencio. La toco, es suave, diría que dulce. Me permite, no se resiste. Intento llegar más lejos y la noto tensa, insisto. Me acerco más, .frente a frente con ella. Huelo su olor. Olor al limón de siempre. Noto sus curvas. Ella se aparta. Por fin veo la noche, está ahí fuera, mirando silenciosa. El “crick crack” de los anclajes al soltarse me aleja del sueño. Compruebo hierático el derrumbe de la atadura. Siento que abandona la seguridad del enganche, atraída por el peso de mis deseos, que aferrados a la cortina rompen la belleza de las sombras y lloro..

.AtrapadoMicro Relato escrito por Merche Postigo

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