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“Vocabulario actualizado”…Pepe Marquina

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.diccionario

INESTABLE: mesa  norteamericana de Inés.

ONDEANDO: onde estoy.

BECERRO: que ve u observa una loma o colina.

BERMUDAS: Observar a las que no hablan.

TELEPATÍA: aparato de televisión para la hermana de mi mamá.

ANÓMALO: hemorroides.

DIADEMAS: veintinueve de febrero.

MANIFIESTA: juerga de cacahuetes.

CACHIVACHE: pequeño hoyo en el pavimento que está a punto de convertirse en bache.

ENDOSCOPIO: me preparo para todos los exámenes excepto para dos.

NUEVAMENTE: cerebro sin usar.

TALENTO: no está rápido.

ESGUINCE: uno más que catorce.

ESMALTE: ni lune ni miélcole.

SORPRENDIDA: monja en llamas.

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Suelto escrito por Pepe Marquina

“Día de”… Pepe Marquina

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Extracto de un artículo de Julio Collado.

Hubo un tiempo en el que era necesario reivindicar a contracorriente y bajo fuerte represión, los derechos pisoteados.

Así se levantaron, con el esfuerzo y la conciencia de clase de los partidos de izquierdas el Día Internacional de los Trabajadores  y el Día Internacional de la Mujer, que surge el año 1911 en Alemania, Dinamarca, Suiza y Austria.

Hubo un tiempo en el que estos “Días” y algunos que vinieron después, aspiraban a ser una fuerza revolucionaria, un torrente de cambio social, económico y político. Pero el capitalismo y su insaciable consumo se fue apropiando de la vida ciudadana y comenzaron a surgir “Días” y “Días” hasta inundar el mercado. Y hoy apenas quedan días en el calendario que no estén dedicados a algún menester: Días del padre, de la madre, de los enamorados, de la esclerosis, del libro, de la paz, del orgullo gay, de la Tierra, de las víctimas del terrorismo, del sueño, de la felicidad, de la poesía, del agua, del teatro, del cáncer de colon, de la violencia de género, de la alfabetización, y así un interminable rosario.

Este exceso ha ocasionado el poco valor de los unos, reemplazados al día siguiente por los otros”

Suelto escrito por Pepe Marquina.

“Letras, palabras y otros afiliados al sector de la construcción” …. Alejandro Nanclares

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Relato Brece escrito por : Alejandro Nanclarres

Las Letras

A mí, de todas las greguerías de Gómez de la Serna la que más me gusta es aquella en que la B es el ama de cría del alfabeto. O no, no es del todo verdad que sea la que más me agrada – en realidad la que más me gusta es esa que dice que ante la visión de las palmeras todos nos sentimos un poco provincianos pero sí que fue la primera que leí y por tanto la primera que me sorprendió simple, sencilla y agradablemente. Venía en mi cartilla escolar, un cuadernito iluminado y arrugado en el que aprendí a leer allá por los años sesenta. El texto imitaba una caligrafía demasiado pulcra para ser infantil y el dibujante había pintado a su lado una hermosa y rolliza ama de cría que, curiosamente, le daba el biberón y no la teta a una T minúscula envuelta en un rebujo de pañales. El niño que yo era notó rápidamente, quizás por afinidad, quizá por simple amor al juego, de que no era más que un “chiste”, una pequeña broma consentida en un mundo serio -un mundo tan oficialmente serio y aburrido como el de los primeros años sesenta- y tal vez por ese motivo nunca se olvidó del nombre de Ramón ni de ese otro, tan curioso y pintoresco de “greguería”, que casi sonaba como jugar al “gua” o “subirse a la guagua”. Por este motivo, por este lejano recuerdo de mi infancia, mi greguería quiere ir sobre letras; sobre alguna de las más humildes letras del alfabeto. Palabras, palabras y más palabras… palabras hermosas como mediodía o archipiélago y cutres como raído o sobaco. Espléndidas y poliédricas como acantilado y estuario o retorcidas y agudas como gusano y raíz. En fin, palabras, palabras y más palabras ¿Y las letras qué? ¡Como si no tuvieran derechos históricos adquiridos! ¡Como si no fueran urdimbre de estameña con la que se teje la telaraña sutil de las palabras!   La Q es el reo del alfabeto La Q no es más que una O prisionera, un reo, un penado que arrastra la cuerda de su condena por los siglos de los siglos. La pobre Q carece de libertad e independencia, pero lleva su castigo con dignidad y en silencio para que las demás letras del alfabeto no lo noten y no se apenen y no se compadezcan de ella y hagan bien su trabajo todos los días laborables. O bien, es la parte sometida de un matrimonio desigual e injusto donde solamente puede obedecer y callar y, como único derecho, conserva esa apariencia de dignidad gratuita – algo estúpida – que la sociedad concede al “padre de familia” de ir un pasito por delante. Delante naturalmente del otro cónyuge, del que manda, de esa, esa…  por supuesto me estoy refiriendo a la esposa, a esa mujer insufrible y áspera llamada U, la dichosa U.  Huy “la U” –pues si, “la U”, con el “la” por delante, como la conocen las vecinas, la portera y hasta sus propias amigas-  ¡Uf, pero cómo es “la U”! Lo que se dice una mujer de armas tomar: En primer lugar, aunque no haga falta ni decirlo, ELLA es una vocal, una selecta y exclusiva VOCAL y, por tanto, no tiene nada, pero absolutamente nada que ver con esa plebe inagotable y vulgar de las consonantes ¡Pues faltaría más! ¡Usted qué se pensaba! Y, en segundo lugar, ella está “felizmente casada ante Dios y ante los hombres”, y ojo con lo que se atrevan los demás a decir sobre su matrimonio. Su matrimonio suyo; pero suyo de ella, de su única y sola propiedad ¡A ver, qué! Como si no fuera poco trabajo soportar al “pesao” y al inútil de su marido todo el día, que no sabe hacer nada solo y si hace algo lo hace mal, y que encima no es más que una mediocre consonante, cuando a ella lo que de verdad, pero de verdad de verdad le hubiera gustado habría sido hacer un diptongo con una A o con una E, es decir con alguien de su misma clase y categoría, “un diptongo como dios manda” y no esa birria de hiatos que hay ahora ¡Y encima que vengan a criticar! ¡Menudo castigo! 3 Por eso la Q, aunque calla y cumple su obligación, aunque asume su condición sojuzgada, odia su trabajo y la mayoría de las palabras que forma. Al menos la mayoría de las palabras corrientes y molientes de su idioma. Solamente, durante breves y muy contadas ocasiones, tiene oportunidad de disfrutar con ciertos nombres extranjeros y exóticos, rarísimos vocablos que le permiten darse un viva al cuerpo o simplemente quedarse un rato a solas. Palabras recónditas como Qatar o Qënn a las que casi nunca ve, que casi nunca vienen por su ciudad, porque pertenecen a otros  mundos o culturas donde cada letra es independiente y cabalga solitaria sobre las dunas, libre de ataduras y yugos. Mundos que ni siquiera han oído hablar de los grises alfabetos de por aquí, llenos de letras domesticadas, clasificadas y uniformes. Mundos lejanos, que no se parecen para nada al suyo, plagado de letras con vocación de amanuense, de signo tipográfico o peor aún, con vocación de carácter de imprenta. No, claro que se trata de otros mundos; de lugares magníficos, desiertos luminosos construidos con alfabetos muy diferentes. Alfabetos compuestos de letras elegantísimas que son capaces de diluirse en el propio trazo, de dejarse morir en la sinuosidad de su forma. Alfabetos con una vocación como de pintor de acuarelas. Trazos sueltos de tinta, de de aguada con una irrefrenable y gloriosa vocación ornamental: transformarse en cobalto azul y escurrido sobre los alicatados; en caracteres cúficos sobre la madera profunda y olorosa de los artesonados. La aspiración de perpetuarse hasta el infinito repitiendo sus vocablos hermosísimos sobre los frisos de los atauriques y las azulejerías.   ¡En fin! Lo cierto es que no se trata más que de encuentros ocasionales. Pequeños contactos puntuales en modo alguno acordados. Nada serio. Y encima, estos encuentros suelen ser imprevisibles e imprevistos, casi, casi como sueños.   Por otra parte, tampoco puede decirse que la Q carezca de sus momentos de solaz y resarcimiento. Pues si, porque aunque esté enamorado en secreto de ese harén de huríes de ojos negros, no puede negar que también le agradan determinados nombres propios, o apellidos, o marcas registradas o lo que sean, que por el contrario proceden del Norte y suelen traer en el verano un soplo refrescante de aire nuevo. En Domecq, por ejemplo, acostumbra a quedarse toda la semana de vacaciones, y aunque de sobra sabe que su affaire con la C no tiene futuro, que no puede durar porque no es más que eso, una aventura, el clásico ligue con la rubicunda nórdica de turno – y menos con esta, cuya condición e índole fonéticas les obliga a menudo a entrar en competencia- la resignada Q disfruta como un energúmeno de esos pocos días de libertad bajo fianza. 2Sin embargo, el tiempo es otro y la verdad no dura para siempre. Así se lo enseñaron de pequeño. Por eso, en los días oscuros del invierno, en la longitud de los meses sin domingos, en la fugacidad del papel impreso, desde los caracteres tipográficos de los diarios vespertinos, desde la banalidad de los titulares, sobre el pavimento mojado de las aceras, en la sagrada hora de la tarde, sueña con esa gente y esos mundos.

Fin…

“El difícil arte del escribidor” … Mary Carmen

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Suelto escrito por Mary Carmen 

escritorAl principio no existían las teclas, ni tan siquiera la estilográfica había llegado, era el momento de escribir sobre la piel curtida de pergaminos amarillentos con la delicadeza y esfuerzo de la pluma deslizándose por la superficie pulida de una piel que se sacrificó para ser portadora de palabras.

Al principio son sólo palabras que deambulan desordenadas por la cabeza en busca de la idea que las domeñe y las ensarte en una sintaxis exacta, en el orden perfecto y con la belleza precisa para transformarse en la frase sugerente que atrape desde el comienzo. Se mezclan unas ideas con otras en una búsqueda permanente de la historia hasta que en un avatar orgásmico se gesta un argumento, nunca nuevo en apariencia, pero concebido con un gen distintivo que lo diferenciará del resto infinito de posibilidades creadoras.

Al principio es tan sólo la necesidad de comunicar, de encontrar un cómplice que se deje llevar hasta el imaginario privado de nuestra inconsciencia. Cuando el torbellino de ideas entra en eclosión su fuerza es tan arrolladora que ya nada se puede hacer, tan sólo esgrimir el lápiz, el boli o la pluma y dejar que la tinta plasme en filigranas de letras, cosidas en palabras, la ficción hasta entonces sólo pensada. Cuando el milagro se produce y en la soledad del teclado del ordenador somos capaces imprimir a las teclas el ritmo preciso que dé el tono necesario para encontrar la voz desde la que se contará la trama o la melodía sugerente que engarzará versos en poemas de belleza extrema. Después, todo el universo creativo se confabula para que el flirteo con el lector, al que se le invoca desde mucho antes de ser concebida la obra, concluya con un encuentro íntimo de entrega definitiva.

Pero, al principio, a veces, es tan sólo el folio en blanco, o la pantalla vacía y la imposibilidad dolorosa de poder llenarlo. En esas ocasiones, hay que recurrir a remedios más o menos eficaces, pequeñas o grandes dosis, dependiendo de la gravedad del caso, de lectura de los grandes, los que hicieron de la escritura un arte; o garabatear bocetos que preludien la obra; o invocar en ritos secretos a las musas, esas que están ebrias de inspiración; o dejar que nazcan esos personajes que se disfrazan con nuestros miedos y, en alguna que otra ocasión, son simples portadores de nuestros sueños; y, si todo eso no funciona, dejar que nuestras manos tracen tan sólo grafías emborronadas, anticipadoras de palabras porque, quizá, mucho tiempo después, alguien sea capaz de descifrar su significado, oculto tras tachones de inseguridad.

Al principio se escribe y se proyecta un éxito de masas. Pero entonces surgen las pruebas de iniciación para convertirse en un auténtico escritor: enfrentarse con la cruda realidad del porcentaje tan bajo de amantes de poesía, preservar los argumentos de novelas que no interesan a las editoriales porque nunca alcanzarán el potencial número de ventas de ejemplares, proteger la gestación de cuentos que llevan en su brevedad la fugacidad de su existencia y, no escatimar esfuerzos con las obras de teatro, merecieron nacer, basta con representarlas una vez con el grupo de amigos. Si el escribidor en ciernes no se desanima y es capaz de salir del laberinto, entonces, el escritor y la literatura simplemente vencen.

Cuando una idea fluye en la cabeza hay que transcribirla de inmediato. La historia, sin duda, le tiene reservado un lugar prominente para la eternidad: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

..G. García Márquez

 

 

Fin…

 

“Mandonas, jefas y el líder”… Pepe Marquina

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Suelto escrito por Pepe Marquina

Pobres niños.

Cuando son pequeños y sobresalen porque hablan con los profesores, porque les mandan a por tiza, porque hacen la distribución de jugadores para jugar un partido de fútbol, o porque les nombran delegados o subdelegados de clase, o incluso porque les ven detalles como repartir un bocadillo de jamón con otro niño que lo tiene de mortadela con aceituna, comienzan una carrera imparable.

Pobres niños.

Lo hacen de forma natural, sin más pretensiones, pero los mayores, incluso los propios compañeros comienzan a decir en voz alta “es un líder”.

Pobres niños.

Lo oyen desde tan jovencitos, en el cole, la casa y la calle, y tantas veces, que lo interiorizan hasta tal extremo que al final tienen que desempeñar ese papel, el papel de líder. Y a veces no les gusta, incluso les obligan a entrar en política, e incluso más todavía, pueden llegar a ser presidentes de su país.

Pobre país.

Fin…

“PHOTO” …Alejandro Nanclares

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Relato Breve escrito por : Alejandro Nanclares

farola

Lisardo Prieto no era realmente un fotógrafo profesional, pero como había ganado varios premios importantes en certámenes nacionales e internacionales gustaba de pensar que lo era. Hasta los cuarenta, año más, año menos, Lisardo no había desarrollado mayores intereses y atendía a fotografiar un poco de todo. Y lo cierto es que se le daba igual de bien la dureza de un paisaje urbano, Más

“HIPOPOTOMONSTROSESQUIPEDALIOFOBIA” … Pepe Marquina

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Suelto escrito por Pepe Marquina

Pido perdón por el título.

Sí, los próximos los voy a poner más cortos, o por lo menos no tan largos.

No es necesario leer toda la palabra de golpe, como si nos fuera la vida. Se puede hacer por partes.

Hipopoto” significa, según el griego, grande. “Monstro“, monstruoso y “Sesquipedali” (forma abreviada de sesquipedalian) significa palabra grande. Por últimos “Phobos” todos sabemos que significa miedo.

Todo esto viene a cuento para decir que dicha palabra significa miedo a las palabras grandes. Véase el contrasentido: para definir lo que es la fobia a las palabras grandes se utiliza la palabra más grande que existe en el diccionario y que ocupa casi una línea.

Mi padre siempre me dijo que había que ser breve hasta en los títulos. Por último quiero decir que cuando se tiene confianza se puede abreviar (pero no es bueno acostumbrarse) y decir Sesquipedaliofobia. Esto ya es otra cosa.

Fin…

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